Contra los principios y doctrinas que sostiene y divulga, nada tiene que decir el crítico que ama la poesía por la poesía. Lo que importa es la nobleza del intento, la grandeza del fin, el valor de aquellas ideas y aspiraciones generales en que estamos todos de acuerdo. Después, tan gran poeta parece Schiller kantiano, como Manzoni católico-liberal, como Whittier cuákero liberalísimo, como Quintana enciclopedista-progresista.

La historia, la filosofía, las religiones, todo puede ser asunto de versos con tal de que el asunto se trate bien; pero yo no me cansaré de repetir que en estos asuntos han de exigirse más que en nada la perfección de la forma, lo limpio y hermoso de la dicción, la riqueza de las imágenes y el buen gusto y el peregrino empleo de frases y giros. El poeta que no labre con todo esto sus versos filosóficos y políticos, se expone á que parezcan artículos de fondo con rimas ó índices y extractos del Bouillet ó de cualquier librejo de texto, puestos en coplas.

Con cuanto queda dicho se señalan y previenen los tropiezos á que se expone el que se lanza á poeta hierofante, digámoslo así. Que Andrade quería ser poeta de este género, y en lo posible lo era, se ve claro en su composición á Víctor Hugo. Allí, al ensalzar al maestro, explica Andrade el concepto que tuvo de la poesía y de la misión del poeta en este mundo.

Diremos, entre paréntesis, que Víctor Hugo, que recibió la composición, no la leyó, ó si la leyó, no entendió ni chispa, y contestó dando las gracias, con tres frases huecas y frías, en vil prosa.

La composición á Víctor Hugo fué, pues, mal pagada, y, á mi juicio, fué también despilfarrada. En este juicio no hay discrepancia entre mi diablillo crítico y yo: estamos de acuerdo; pero el mal pago, y cuando no el peor empleo, el derroche, no implican que sea mala la composición. La composición, á pesar de las enormes alabanzas al poeta francés, y á pesar de otros defectos, contiene, en mi sentir, bellezas de primer orden.

Los que versificaban en castellano en el siglo XVI no se curaban de evitar las asonancias.

En el día, nuestros oídos son más delicados y no las pueden sufrir; pero Andrade se quedó con los antiguos y no cayó en esto. Sus versos están plagados de asonancias que los desentonan y afean. Lo advierto, porque, si bien procuraré citar versos en que no haya asonancias inoportunas, será difícil.

Para Andrade, analizando ya la composición á Víctor Hugo, el poeta es un hierofante, es quien trae luz á la humanidad cuando se extravía en las tinieblas y quien le enseña el camino que debe seguir:

Así la humanidad despierta inquieta,
En la noche moral abrumadora,
Cuando surge el poeta,
Ave también de vuelo soberano,
Que en las horas sombrias
Canta al oído del linaje humano
Ignotas harmonías,
Misteriosos acordes celestiales,
Enseñando á los pueblos rezagados
El rumbo de las grandes travesías,
La senda de las cumbres inmortales.

Hecha ya esta definición, la ilustra con varios ejemplos históricos: pone como prototipos de estos poetas que enseñan á la humanidad y que la sacan ó tratan de sacarla del atolladero y de las tinieblas en que se ha hundido, á Isaías, á Esquilo, á Juvenal y á Dante; y, por último, síntesis maravillosa de todos éstos, y superándolos á todos, suscita Dios á Víctor Hugo, cuya misión es más alta que la de Isaías, que la de Juvenal y que la de Dante, porque viene á renovar el linaje humano, nada menos.