Tal vez se acuse á la América española de exuberancia en la poesía lírica; pero ya se advierten síntomas de que esto habrá de remediarse, yendo parte de la savia que hoy absorbe el lirismo á emplearse en vivificar otras ramas del árbol del saber y del ingenio. La crítica, la jurisprudencia, la historia, la geografía, la lingüística, la filosofía y otras severas disciplinas cuentan ya en América con hábiles, laboriosos y afortunados cultivadores. Baste citar, en prueba, y según acuden á mi memoria, los nombres de Alamán, Calvo, García Icazbalceta, Bello, Montes de Oca, Rufino Cuervo, Miguel Antonio Caro, Arango y Escandón, Francisco Pimentel, Liborio Cerda y Juan Montalvo.

Mis cartas carecen de verdadera unidad. Son un conato de dar á conocer pequeñísima parte de tan extenso asunto. Las dirijo á autores que me han enviado sus libros. No son obra completa, sino muestra de lo que he de seguir escribiendo, si el público no me falta. Como noticias y juicios aislados, sólo podrán ser un día un documento más para escribir la historia literaria de las Españas en el siglo presente. Porque las literaturas de Méjico, Colombia, Chile, Perú y demás repúblicas, si bien se conciben separadas, no cobran unidad superior y no son literatura general hispano-americana, sino en virtud de un lazo, para cuya formación es menester contar con la metrópoli.

En fin, tal cual es este librito, yo tengo verdadera satisfacción en dedicársele á Ud., aprovechando esta ocasión de reiterarle el testimonio de la gratitud que le debo y de la amistad que siempre le he consagrado.

CARTAS AMERICANAS

SOBRE VÍCTOR HUGO

27 de Febrero de 1888.

Á UN DESCONOCIDO

Muy señor mío: La carta que Ud. me dirige, ocultando su nombre, llegó á mi poder pocos días há con el periódico en que viene inserta, La Miscelánea, revista literaria y científica que se publica en Medellín, república de Colombia. A pesar de lo indulgente, fino y hasta cariñoso que está Ud. conmigo, lo cual me lisonjea en extremo, no he de negar, aunque lo achaque Ud. á soberbia, que me han dolido sus impugnaciones y que me siento picado y estimulado á replicar á ellas. Ya hace meses que recibí otra revista colombiana, que también me impugnaba y por el mismo motivo. El que escribió este otro artículo en contra mía y le publicó en la revista de Bogotá titulada El Telegrama, daba su nombre: era el Sr. Rivas Groot, á quien debe Ud. de conocer.

A él y á Ud. voy á contestar en esta carta, á ver si logro justificarme.

No es posible que Ud. se figure bien cuánto nos halaga, á los que en esta Península, donde se lee poquísimo, nos dedicamos á la literatura, que por esas regiones transatlánticas nos lean ustedes y nos hagan algún caso.