Por ello le censuran no pocos americanos, pero no hemos de ser los españoles los que también le censuremos. Además que los mismos americanos más liberales empiezan ya á calificar de injusta y de cansada y de falsa tanta y tanta declamación contra los descubridores y conquistadores de América. Sus culpas, si por herencia se transmiten, más pesan sobre los americanos, si no son indios, que sobre nosotros, ya que nuestros padres, salvo el caso de algunas familias históricas, como Colón, Pizarro, Cortés y Orellana, se quedaron por acá, y no cometieron las atrocidades feroces que á los conquistadores se atribuyen.
Y aun dando por evidentes todas esas atrocidades, ¿es de presumir que á fines del siglo XV y principios del siglo XVI hubieran sido más humanos, más benignos y más generosos los ingleses ó los alemanes, por ejemplo, si les hubiera tocado hacer nuestro papel, descubrir ese continente, y el mar del Sur, y los Andes, y echar por tierra los imperios del Perú y de Méjico? ¿Habría en Colombia tanto indio vivo si en vez del literato y autor de sermones D. Gonzalo Jiménez de Quesada, y de los frailes, entre los cuales hubo más Las Casas que Valverde, hubiera ido por ahí un aventurero tudesco con buen golpe de lasquenetes?
Estas y otras consideraciones por el estilo, que se le ocurren á cualquiera, valen para disculpa, suponiendo que necesite disculpa el retrogradismo ó tradicionalismo de D. Miguel Antonio Caro, y prueban que no se puede acusar á este señor de que defiende hasta la Inquisición, y de que su prurito de santificar lo pasado es irreconciliable con la clara luz de su elevado entendimiento.
Este entendimiento elevado brilla en todas las obras de D. Miguel Antonio, le ha hecho célebre y muy estimado en toda América, y aun entre nosotros, é ilumina singularmente sus poesías, de las que en el Parnaso Colombiano hay hermosísimas muestras. No sin motivo califica Ud. al autor de gran poeta, y considera sus mejores versos La vuelta á la patria. En lo que no estoy conforme con Ud. es en que no hay nada por el estilo de esta composición en la poesía castellana y en colocarla en el género de poesía inglesa. Ferviente admirador soy yo también de la poesía inglesa, y la creo, por lo general, más concisa que la nuestra y muy hondamente sentida. Para lo de la concisión hasta hay razones materiales. En inglés bien se puede afirmar que la mitad ó menos de sílabas que en castellano basta á expresar las mismas cosas.
Y, sin embargo, yo nada veo de exótico en La vuelta á la patria del Sr. Caro. No es menester dejar de ser español para ser sencillo, sentido y profundo. No eran ingleses, ni habían leído poesía inglesa, fray Luis de León y Jorge Manrique. Dejando, no obstante, esta discusión á un lado, convengo en que es preciosa La vuelta á la patria. Aquella dulce y mística melancolía, aquella vaguedad esfumada con que percibimos como verdadera patria la que está más allá de la muerte, y aquella pintura, tan natural y verdadera, de la patria terrenal, de la casa de nuestros padres, del valle tranquilo en que pasó nuestra niñez; y aquella mengua y abatimiento del corazón enfermo, que vuelve á su antigua soledad, que la desea y que ya no la halla, porque ya no existe sino en su mente como ideal divino: todo, en suma, en esta composición, en que hay más sentidos y más ideas que palabras, la hacen en mi opinión perfecto dechado de poesía de sentimiento en cualquier idioma. No se puede citar un solo verso sin citarlos todos. Nada huelga en la composición. Todo está primorosamente enlazado y forma el más armonioso conjunto.
Tampoco estoy conforme con Ud. en calificar de germánica La flecha de oro. Aquello es original, es nuevo; pero ¿por qué no ha de haber nada español que tenga algo de original y de nuevo, que no esté vaciado en los antiguos moldes, y que no por eso sea germánico ó inglés? El asunto de La flecha de oro, el cuento, es tan poco germánico, que está tomado del principio de un cuento de Las mil y una noches. Lo inventado por Caro es el valor simbólico y transcendente, que adquiere en su breve poesía la antigua leyenda india, persa ó arábiga. El príncipe, en los versos de Caro, no vuelve á encontrar la flecha, como la encuentra en el cuento de Las mil y una noches. No hubo hada Parabanú, que, enamorada de él, la extraviase para atraerle. La flecha del antiguo cuento nada significa: la flecha del poemita de Caro tiene alta significación. Y la sobriedad artística con que esta significación queda indeterminada, hace aún más poéticos los versos, abriendo la puerta á la fantasía del lector, para que se lance volando por todos los libres, infinitos espacios de las filosofías y de las religiones, en busca de la perdida flecha, sin envidiar al hermano que, por apuntar más bajo, tocó en el blanco y heredó el reino terrenal de su padre.
De aquí que toda alma soñadora y entusiasta pueda creerse el héroe ó la heroína de los versos, y decir:
Yo busco una flecha de oro
Que, niño, de una hada adquirí,
Y «Guarda el sagrado tesoro»,
Me dijo; «tu suerte está ahí.»
Mi padre fué un príncipe: quiere
Un día nombrar sucesor,
Y á aquel de dos hijos prefiere
Que al blanco tirare mejor.
A liza fraterna en el llano
Salimos con brío y con fe:
La punta que arroja mi hermano
Clavada en el blanco se ve.
En tanto mi loca saeta,
Lanzada con ciega ambición,
Por cima pasó de la meta
Cruzando la etérea región.
En vano en el bosque vecino,
En vano la busco doquier:
Tomó misterioso camino
Que nunca he logrado saber.
El cielo me ha visto horizontes
Salvando con ávido afan,
Y mísero á valles y á montes
Pidiendo mi infiel talismán.
Y escucho una voz ¡Adelante!
Que me hace incansable marchar:
Repítela el viento zumbante:
Me sigue en la tierra y el mar.
Yo busco la flecha de oro
Que, niño, de una hada adquirí,
Y «Guarda el sagrado tesoro»,
Me dijo; «tu suerte está ahí.»
No he sabido resistir á la tentación de poner aquí La flecha de oro, aunque me acuse Ud. de impertinente y de copiarle lo que de memoria sabe.
Yo soy tardío, pero cierto. Hace cerca de un año que debo contestación á la carta de Ud.; pero ahora voy á pagar con usura, escribiéndole una serie de ellas, pues no se requieren menos para dar alguna idea de lo que es el Parnaso Colombiano.