Y ahora que acabo de copiar los versos del señor Camargo, comprendiéndolos bien, no vacilo ni dudo. Digo, parodiando al Duque de Rivas, que, en esta ocasión,
No el padre guardián, el lego
Tuvo la revelación.
El discípulo Camargo se adelanta aquí á sus dos maestros, al español y al alemán, y hace una linda poesía, sobria de palabras, rica de pensamientos, llena de imágenes y de galanura.
Y baste por hoy. Prometo que la próxima carta será mi última sobre este asunto.
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8 de Octubre de 1888.
VI
Mi distinguido amigo: Ya habrá Ud. notado que en la rápida y poco ordenada reseña que de los poetas de esa república voy haciendo, hay un espíritu que, por lo mismo que es muy español, propende más á poner de realce lo original que lo imitado. Sin duda que algo lisonjea el amor propio nacional percibir en región tan remota la resonancia ó el eco de Quintana, de Bécquer, de Campoamor y de Núñez de Arce, que son hoy los poetas de esta Península más populares ahí; pero si todo es uno, según mi teoría; si Uds. no han proclamado la independencia literaria, ni nosotros la hemos reconocido tampoco; si no conviene además esta independencia, y si toda la riqueza nuestra y de Uds. debe seguir pro indiviso, creo yo que nos trae más cuenta que todo sea diverso dentro de la grande unidad, que no tener doublettes ó ejemplares dobles en nuestro tesoro común intelectual ó biblioteca castellana.
Por dicha, la realidad viene en Colombia á colmar la medida de mi deseo. Son Uds. todo lo originales que deben ser, sin caer en la extravagancia, buscando la originalidad, y sin imitar demasiado á los franceses é ingleses por no imitar á los españoles.
Poco hay que pueda calificarse en Colombia de campoamoresco ó de quintanesco. Sólo abunda el becquerismo; pero más bien el remedo es en el corte ó traza, que no en el fondo y la esencia.