En el concierto de las leves auras,
En el rumor de la onda estremecida,
¿No hubo un consuelo para tu alma herida?
¿No hubo una nota para ti de amor?
¡Cuando en la alegre y bulliciosa escena
De flores coronada aparecías,
En vano tus sollozos comprimías,
Pobre proscrita de un sonado Edén!
Del pecho herido por el vil engaño
Se adivinaba la honda pesadumbre
En tu mirada, triste cual la lumbre
Que deja el sol al esconder su sien.
. . . . . . . . . . . . .
Yo no te execro, niña infortunada,
Ya que cercada de siniestras brumas,
Cual ave herida, tus deshechas plumas
Viniste en los desiertos á dejar.

Están, por último, noble y poéticamente exigidas á las mujeres honradas y felices la piedad y la compasión hacia la pobre suicida:

No condenéis á la infeliz criatura
Que de la muerte en el piadoso lecho,
Cruzando ya las manos sobre el pecho,
Como final recurso se adurmió.
Jamás pudierais sospechar siquiera
Todo el supremo horrible desencanto,
Todo el raudal de contenido llanto
Que amontonar su corazón debió.

Aquí pensaba yo terminar esta carta y todo lo que había de decir sobre el Parnaso Colombiano. Las tristes poesías sobre mujeres que mueren víctimas de un amor desventurado, me recuerdan el admirable y tremendo canto de Olivia, de Olivero Goldsmith:

The only art her guilt to cover,
To hide her shame from every eye,
To give repentance to her lover,
And wring his bosom, is to die.

En la poesía colombiana, en la más original, en la más castiza, en la más española, hay un vago perfume, un dejo sabroso de poesía inglesa, que yo celebro, porque le da un gusto verdadera y naturalmente sentimental y le conviene muy bien, refrenando la propensión á lo redundante y á lo hueco.

Pero esta consideración me trae á la mente á un poeta colombiano de origen inglés, á Diego Fallon, del cual, si yo no hablase con elogio, sería la mayor injusticia.

De otros varios poetas pienso lo mismo, y los escrúpulos de mi conciencia se sobreponen al miedo de cansar, y me deciden á escribir á usted otra carta todavía, que será definitivamente la última.

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15 de Octubre de 1888.