Fuerza es confesar que los primeros frutos y flores no fueron muy sazonados ni hermosos.
D. Juan Egaña, limeño, naturalizado en Chile y competidor con mala suerte de Mora por querer ser el Solón de la nueva república, era, á par de gran liberal, galante y enamorado caballero. La dama de sus pensamientos, á quien llama Marfisa en sus versos, le inspiró hasta los dramas que tradujo ó compuso, figurando entre ellos la Cenobia, de Metastasio, su poeta predilecto.
El notable personaje de la revolución, Camilo Henríquez, de quien ya hemos hablado como crítico, escribió dos dramas, informados ambos por sus ideas filosóficas á la Rousseau. Se titulaban La patriota de Sud América y La inocencia en el asilo de las virtudes, y eran, á lo que parece, menos que medianejos.
D. Bernardo Vera y Pintado es el tercer autor dramático chileno de que habla nuestro libro. Sus composiciones fueron á modo de loas para celebrar victorias contra los españoles, como la de Chacabuco.
Naturalmente, los interlocutores de estas loas son araucanos, que describen como funestísima la conquista de Chile y fantasean la independencia como la reconquista que los araucanos hacen de su tierra contra los españoles.
Otro autor, D. Manuel Magallanes, fué silbado, á pesar de su fervor patriótico y de su ilustre apellido.
Resulta, pues, que hasta 1829 no se representa en Chile ninguna obra de bastante valer literario escrita allí, y que esta obra es de D. José Joaquín de Mora, si bien no toda suya, ya que en parte está tomada de Le mari ambitieux, de Picard, y lleva el mismo título: El marido ambicioso. Aunque peque de prolijo he de continuar haciendo este extracto. Hasta otro día.
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17 de Diciembre de 1888.