Querido primo: Siguiendo en mi tarea de extractar, diré que, hasta el instante en que aparece en Chile el romanticismo, se escribieron y representaron allí estas obras dramáticas.

Además de El marido ambicioso, dió Mora El embrollón.

El poeta colombiano D. José Fernández Madrid dió Atala, tragedia en verso.

D. Ventura Blanco Encalada tradujo en verso la Merope, de Voltaire, y en prosa La marquesa de Seneterre, de Menesville y Duvegrier.

D. Gabriel Alejandro Real de Azúa, argentino, dió al teatro, en Santiago, en 1834, una comedia de índole política y de escaso valer, titulada Los aspirantes.

Mora ejerció sobre esta comedia benignísima crítica.

En el mismo año, el actor argentino Luis Ambrosio Morante, que, según he dicho ya, era también poeta y había compuesto una tragedia, La revolución de Tupac-Amaru, dió á la escena en la noche de su beneficio una comedia titulada Adulación y fingimiento, ó el intrigante.

Morante no puso su nombre en el cartel; pero se tiene por seguro que la comedia era suya. Su mérito, por otra parte, debió de ser corto, cuando nada se dice de ella.

El primer poeta dramático chileno de alguna fecundidad y de cierto mérito fué D. Salvador Sanfuentes. Escribió antes y después del romanticismo, y sus obras marcan la transición de una escuela á otra.

Tradujo la Ifigenia y el Británico, de Racine; imitó Le cocu imaginaire, bajo el título de Los celos infundados, y compuso los siguientes dramas originales: Caupolicán I, Caupolicán II, El mal pagador, El castillo de Mazini, Carolina ó una venganza, Cora ó la Virgen del Sol, Juana de Nápoles y D. Francisco de Meneses.