Proclo. (Besándola con timidez respetuosa.)—Es la vez primera que la tocan mis labios. ¡Cuán regalado favor!
Asclepigenia.—¡Adiós, amadísimo Proclo!
(Vase)
ESCENA V.
PROCLO, EUMORFO.
Eumorfo.—¿Sabes lo que digo, maestro?
Proclo.—Di, y lo sabré. No quiero tomarme el trabajo de adivinar tus pensamientos.
Eumorfo.—Pues digo que se me van quitando las ganas de estudiar filosofía.
Proclo.—¿Y por qué?
Eumorfo.—Porque la filosofía vuelve tonto a quien la estudia.