—Mire V., mamá, Doña Antonia tenía la jaqueca y no pudo acompañarnos.
En su lugar ha venido con nosotras el tío de Lucía.
—¿Y quién es ese tío?
—Un señor marino que estuvo en la India y en el Perú, que dice que conoce á V., que hace poco ha venido á vivir á Villabermeja, y que anoche llegó aquí á pasar una temporada.
—Ese es el Comendador Mendoza —dijo D. Valentín, con cierto júbilo de saber que había llegado un antiguo amigo.
—Justamente, papá, así se llama: el Comendador Mendoza; un señor muy fino, si bien algo raro.
—Oye, Blanca, será menester que vayamos á ver al Comendador, que vive sin duda en casa de su hermano —exclamó D. Valentín.
—Cumpliremos con ese deber que la sociedad nos impone —dijo Doña Blanca con reposo y dignidad serena—; pero tú, Clara, no debes volver á salir de paseo ni tratarte con ese hombre malvado é impío. Si la santa fe de nuestros padres no estuviera tan perdida; si las perversas doctrinas del filosofismo francés no nos hubiesen inficionado, ese hombre, en vez de vestir el honroso uniforme de la marina, vestiría el sambenito; en vez de andar libre por ahí, piedra de escándalo, fermento de impiedad, levadura del infierno, corrompiendo lo que aun en el cuerpo social se conserva sano, estaría en los calabozos de la Inquisición ó ya hubiera muerto en la hoguera.
Clara se aterró al oir en boca de su madre aquella diatriba. Se representó en su mente al Comendador como á un personaje endiablado; y, acordándose del tierno beso que de él había recibido, se llenó toda de espanto y de vergüenza.
Don Valentín, con el recuerdo del Comendador, que le traía á la imaginación mejores tiempos, cuando él estaba menos viejo y menos sumiso, se sentía, contra su costumbre, con ánimo de contradecir y no someterse del todo. Así es que dijo:
—¡Válgame Dios, mujer, qué falta de caridad es esa! Eres injusta con nuestro antiguo amigo. No te negaré yo que era algo esprit fort en su mocedad pero ya se habrá enmendado. Por lo demás, siempre fué el Comendador pundonoroso, hidalgo y bueno. ¿Qué tienes tú que decir contra su moralidad?