Juanita conoció que el momento era llegado en que tenía que echar a rodar su humildad y obediencia, declarándose independiente de su maestra y amiga y manifestando lo enérgico e indómito de su voluntad, que a nada ni a nadie se doblegaba.

Puesta en pie y yendo hacia doña Inés, le dijo:

—Tú no me conoces todavía. Yo no me arrepiento ni cejo. Bueno fuera que creyese el tal señor que yo había tenido un momento de debilidad y que luego me había arrepentido. ¿No adviertes que de ese modo me confesaba yo culpada, si no del delito, del conato? No; yo no soy débil. Tú te has empeñado en creerme cordera, y soy leona. Por el extraño afecto que me has cobrado me requiebras y crees linsojearme comparándome a la Sulamita y llamándome suave y graciosa como Jerusalén. Ya verás tú que también soy terrible como un escuadrón de Caballería que carga a galope sobre el enemigo.

Juanita, cerca de doña Inés, la fascinaba mirándola con ojos felinos, cuya luz roja parecía mezcla de fuego y de sangre.

Luego prosiguió:

—¿Y qué decoro es ese al que me recomiendas que no falte? ¿Quién reconoce ese decoro en la mal nacida como yo, en la hija de una mujer que lava mondongos y hace morcillas para ganar su sustento? Todos me menosprecian, me tratan mal y piensan peor de mí. Hasta ahora lo he sufrido; pero ya se me agotó el sufrimiento. He de ser atroz si es necesario. En los mismos libros que tú me has hecho leer no se ensalza sólo la servil mansedumbre de Rut, sino más, si cabe, la ferocidad de Judit, que degüella al capitán de los asirios, y la espantosa hazaña de Jahel, que atraviesa con martillo y clavo las sienes de Sisara.

Notando Juanita que doña Inés se asustaba un poco al verla y al oírla tan bárbaramente bíblica, prosiguió sonriendo:

—Pero no te apures ni te sobrecojas. No será menester tocar en tales extremos; no llegará la sangre al río. Aunque será severa la lección que yo dé, no pasará a ser tragedia, y quedará en sainete.

—Pero ¿qué piensas hacer, hija mía? ¿Qué frenesí es el tuyo?—preguntó doña Inés, muy conmovida y cariñosa.