Allí no había mueble antiguo que se hubiese arrumbado, ni colcha de damasco que se hubiese roto, ni sábana, mantel ó toalla que no se zurciese y durase con notable aseo.
Doña Ana cuidaba mucho de la ropa blanca y la tenía muy en orden, sahumada con alhucema.
El Doctor Faustino, sin embargo, quería irse á buscar aventuras.
Todo un invierno estuvo meditando Doña Ana. Luego escribió varias cartas y sostuvo una correspondencia, sin decir nada á su hijo. Al cabo, una noche, cuando ya había llegado la primavera, estando madre é hijo á solas en el salón de los sillones antiguos, de los retratos y del árbol genealógico, Doña Ana se explicó de esta suerte:
—Estáme atento, hijo mío, pues voy á hablarte de un asunto de suma importancia.
El Doctor prestó la atención más respetuosa; y sentados ambos en un ángulo de la gran sala, prosiguió hablando la madre:
—Harto advierto y deploro que eres infeliz con esa vida que llevas. Aquí hay tranquilidad y algún bienestar; pero te faltan objetos que satisfagan tu ambición, tu sed de gloria y hasta tu amor. No me quejo de tí porque quieras abandonarme é irte á Madrid. Nada más natural. Pero tú mismo convienes en que sería demencia irte á Madrid sin un real, como se va cualquier aventurero. Dicen en este lugar la pobreza no es deshonra, pero es un ramo de picardía, con lo cual enseñan que la dura necesidad obliga á veces, hasta á los hidalgos y bien nacidos, á hacer bajezas en que yo no quisiera que incurrieses nunca. Por eso he buscado un medio de que vayas á Madrid, sin exponerte á vivir allí como un perdido, ó sin acabar de arruinarte.
—¿Y cuál es ese medio?—preguntó el Doctor Faustino, todo alborozado.
—Voy á decírtelo—contestó la madre.—Ya sabes que en la ciudad de..., distante de aquí catorce leguas, vive mi prima queridísima, Doña Araceli de Bobadilla. Aunque tiene más de sesenta años, la siguen llamando la niña Bobadilla, porque nunca ha querido casarse, no habiendo hallado sujeto de su condición en quien emplear su voluntad y á quien dar su mano. Tu tía Araceli vive con bastante desahogo en una hermosa casa. En su pueblo va á haber bailes, toros y otras diversiones, con motivo de la feria, que será dentro de una semana, y Araceli te convida á que vayas á su casa á ver la feria y á pasar el tiempo que quieras.
—¿Y qué voy ganando yo con ver la feria y estar de huésped en casa de la niña Bobadilla?