VI.
CARTA DEL DOCTOR Á SU MADRE
Dos días después de la llegada del Doctor á casa de Doña Araceli, pareció necesario que el mozo, que había venido con los mulos, volviese con ellos á Villabermeja, así para evitar gastos é incomodidades á la espléndida anfitriona, como porque los mulos no eran del Doctor; sino prestados. La ilustre casa de los López de Mendoza no podía sustentar ya sino la jaca del Doctor, el mulo de Respetilla, y dos borricos que casi siempre estaban estudiando. En Villabermeja se entiende por estudiar dejar sueltas en el campo las caballerías para que ellas se busquen la vida, alimentándose de la escasa hierba que pueden hallar, sobre todo cuando no llueve. Como el Doctor pensaba quedarse con su tía una larga temporada, el mozo de los mulos volvió con ellos de vacío al lugar. D. Faustino envió por este medio una extensa carta á su madre, que trasladaremos íntegra en este sitio, por ser un importante y fidedigno documento de nuestra historia.
La carta decía:
»Querida madre: No sé si alegrarme ó entristecerme de haber venido por aquí y de haber acometido esta empresa. La tía Araceli es la misma bondad, la quiere á V. mucho y me ha recibido y tratado con el mayor afecto. Aunque la tía tiene talento, es tan candorosa, que no descubre en nada la malicia. Así es que los elogios que Costancita hizo de mí, al ver el retrato doctoral, créame V., fueron irónicos, y la tía los tomó por moneda corriente. Costancita me ha hecho venir por curiosidad y porque es muy caprichosa y porque está muy mimada por su padre y hace cuanto se le ocurre; mas no porque se enamorase al verme en efigie con el bonete y la muceta. Por fortuna, me lisonjeo de haber infundido en el ánimo de Costancita mejor idea vivo que retratado.
»He hablado con el tío Alonso, que, gracias á Dios, tiene buena índole, pues sería insufrible si no la tuviera. Está tan vano y engreído con sus riquezas, que se figura que es el hombre más discreto, hábil y entendido entre cuantos mortales conoce. Atribuye á ciencia suya, y no á feliz casualidad, el haber hecho tanto dinero, y entiende que poseyendo él en alto grado dicha ciencia, que es la principal, puede y debe decidir sobre todas las otras sin apelación. Habla, pues, de política, de literatura, de artes, de todo, en suma, con autoridad imperiosa; y como aquí apenas hay persona de la sociedad que no le deba dinero ó favores, todos acatan su opinión como la voz de un oráculo, y no hay quien le contradiga.
»La amabilidad del tío es extraordinaria, no sólo conmigo, sino con cuantos vienen á verle. Quiere pasar por un señor muy llano, lo cual no impide que sea majestuoso y entonado á la vez. Se dirige á todos con cierto aire de protección y de superioridad, que no ofende por la natural buena fe de que nace.
»El tío presume también de chistoso y goza mucho de que le rían las gracias. Cuantos asisten de noche á su tertulia se juzgan en la obligación de reírselas, y por lo común, se las ríen sin esfuerzo ni violencia, porque el dinero está dotado de tal encanto, que agracia la palabra y los pensamientos de quien le tiene.
»Nada ha dicho el tío por donde se pueda colegir que sabe nuestros planes.
»Sólo se ha jactado conmigo, y creo vana la jactancia, de que, si quisiese, podría disponer de todos los votos de este distrito y hacer un diputado á su gusto.