VIII.
AL PIE DE LA REJA
Todo aquel día estuvo el Doctor alborotado y lleno de ansiedad aguardando contestación de Doña Costanza.
Vió á su prima en el paseo y en la tertulia. Le habló delante de los otros amigos y amigas que la cercaban. No notó ningún signo de que Costancita hubiese recibido bien su carta. Antes al contrario, le pareció que Costancita estaba con él más seria que de costumbre. Sus miradas eran menos benévolas y frecuentes. El Doctor se dió á sospechar que había caído en desgracia, y se puso más melancólico que de costumbre.
Respetilla no había podido ver en todo el día á la doncella favorita. D. Faustino le preguntó en balde sobre la suerte y paradero de su carta.
Aquella noche volvió el Doctor á las doce de la tertulia de D. Alonso á casa de la tía Araceli. En vez de desnudarse, rogó á su criado que fuese cuanto antes á hablar con Manolilla, y que á la vuelta entrase á hablarle, que él le aguardaba despierto y vestido.
Así lo hizo, y se quedó sentado á la mesa leyendo un libro de filosofía; pero no acertaba á entender ni un renglón siquiera. Sobre las páginas graves del libro brincaba la imagen de Costancita, riéndose, enamorándole y distrayéndole de todo.
Transcurrieron dos horas mortales. Después de las dos oyó D. Faustino pasos de puntillas en los corredores. A poco levantó Respetilla el picaporte y entró en el cuarto.