ENTREVISTA MISTERIOSA

Durante tres ó cuatro días se repitió la misma función, si con algunas variantes en los pormenores, idéntica en la substancia.

De día, cercada siempre Doña Costanza de amigas y admiradores, no daba ocasión para que su primo le hablase en secreto.

Solía cruzarse sólo entre ambos alguna mirada fugitiva; pero tan confusa en la expresión por parte de ella, que aun sorprendida por alguien no hubiera podido ser interpretada de modo que los comprometiese.

De noche, con el mismo recato y las mismas precauciones, se renovaban las citas y los coloquios por la reja del jardín; pero el amor no daba un paso.

La mariposa revoloteaba siempre en torno de la luz y no se quemaba.

La inclinación á amar no llegaba á convertirse en amor.

Las esperanzas de D. Faustino no se realizaban ni se desvanecían.

Mientras él se veía al lado de ella, se sentía bajo el poder de un hechizo. A todo se sometía. Era crédulo como un niño y sumiso como un esclavo. No hallaba razón que oponer á los discursos con que ella sabía contenerle, y se consideraba dichosísimo y más que pagado con recibir, á cuenta de sus rendimientos y de un amor ya decidido, aquellas vagas promesas de amor posible, aquella propensión de afecto, aquel preludio de correspondencia con que Doña Costanza le traía embelesado y falto de juicio.

Pronto, sin embargo, pasada la primera embriaguez, y cuando no estaba en presencia de Doña Costanza, empezaron á asaltar al Doctor mil pensamientos harto poco lisonjeros.