—No, no la he vuelto á ver. La alucinación que en mí produjo entonces es causa, sin duda, de otros sueños que luego he tenido; pero la señal de la cruz ahuyenta á los malos, y yo procuraré no tenerles miedo. Aunque Satanás se oponga, he de trabajar para que te cases con Costancita.
Con esto dió fin Doña Araceli al coloquio, dejando al Doctor con grandes esperanzas de ser completamente feliz con sus pretensiones amorosas, si bien un tanto confuso y meditabundo, á causa de todas aquellas coincidencias de la coya, del retrato y de la amiga inmortal á quien llamaba María.
XI.
ACTIVIDAD DIPLOMÁTICA
Después de la conversación con su sobrina, Doña Araceli conoció que importaba herrar ó quitar el banco; echó sus cuentas, calculó que aquel estado de cosas no debía durar, y resolvió presentar su ultimatum á su sobrina y á su hermano don Alfonso, á fin de que diesen los pasaportes al Doctor ó le aceptasen y reconociesen como novio oficial y esposo futuro de Costancita.
Las razones que tuvo Doña Araceli, después de recapacitarlo bien, deben exponerse aquí en resumen.