El doctor Calvo, que así se llamaba el médico, era el reverso de la medalla del Doctor Faustino en dos ó tres puntos capitales. El doctor Calvo no tenía ilusiones de ningún género: era un espíritu prosaico y práctico. En cambio se parecía al otro Doctor en no tener creencias y en ser bueno de alma á pesar de la falta de fe. El Doctor Faustino le inspiró vivas simpatías. Fácilmente adivinó el doctor Calvo la causa del lance y de la herida, y se lo guardó todo para su gobierno. Consideró que el Marqués de Guadalbarbo, reconciliado ya con su mujer, y sin celos, tendría por una desgracia, ó al menos por una molestia, por una idea que turbaría su reposo y su buena vida, el que por acaso D. Faustino muriese. Como á nada conducía darle este temor y este disgusto prematuro, ocultó al Marqués la gravedad de la herida de D. Faustino. Calculó también el doctor Calvo que ni los Marqueses de Guadalbarbo, ni Doña Etelvina, ni nadie, habían de cuidar al enfermo por mucho que por él se interesasen; que la misma pupilera doña Candelaria acabaría por hartarse ó tendría que dejarle para acudir á los demás huéspedes, y que don Faustino estaba muy expuesto á morir más abandonado que un perro de la calle. Esta consideración le llevó á preguntar á doña Candelaria si sabía qué amigos y parientes tenía D. Faustino.
—Amigos aquí en Madrid...—dijo doña Candelaria,—tiene pocos; no tiene ninguno que pueda llamarse tal. ¿Qué quiere V.? Es pobre para vivir entre la gente con quien vive. Si hubiera intimado más con los escribientes, sus compañeros, tendría amigos quizás. Así no los tiene... En punto á parientes... él es un señor muy aristocrático, aunque sin blanca casi. Aquí hay tres ó cuatro señores y señoras de título que son sus parientes; pero, según me atrevo á conjeturar, el parentesco no le coge un galgo. D. Faustino está solo en el mundo; no tiene padre, ni madre, ni hermanos. Y como es tan pobretón, bien podemos aplicarle la copla que V. sabe.
—No, señora, no la sé: ¿cómo es esa copla?
—La copla canta:
El que no tiene dinero
Con el aire es comparado:
Toditos le huyen el cuerpo,
No les largue un resfriado.
Convencido el doctor Calvo de que se podía aplicar la copla á D. Faustino, preguntó á doña Candelaria si no sabía ella que tuviese aquel caballero persona alguna allegada, allá en su tierra, que por él se interesase. Doña Candelaria contestó entonces que le había oído hablar mucho del administrador de los cuatro terrones que poseía en Villabermeja, á quien llamaba Respetilla, y de un cura del mismo lugar, nombrado el padre Piñón.
El médico notó bien que lo de Respetilla era apodo, y no halló atinado dirigir un telegrama al señor de Respetilla en Villabermeja. El otro nombre le pareció menos extraño y sospechoso, y envió aquella misma noche un telegrama al señor padre Piñón, en Villabermeja, provincia de... avisándole que D. Faustino López de Mendoza estaba enfermo de mucho peligro.
No se había equivocado el doctor Calvo. Desde aquella noche se aumentó la fiebre de D. Faustino. Cuando al otro día se mitigó la fiebre, una debilidad y un atolondramiento grandes embargaban sus sentidos y su mente. La idea de la duración, la percepción del tiempo que pasaba y de los objetos exteriores, y hasta la conciencia de su propio ser y de sus estados sucesivos, empezaron á hacerse confusas y vagas en el espíritu del enfermo.
Cada noche era mayor el recargo de la calentura.
—¿Qué pronostica V. del enfermo?—preguntaba doña Candelaria al doctor Calvo con algún interés...