Otro día fuimos á ver la casa solariega de los López de Mendoza.
Allí está aún el retrato de la coya, que, en efecto, según asegura D. Juan, se parece mucho á María.
Respetilla, Jacintica y sus nueve vástagos viven felices en el piso bajo de aquella casa. El principal está reservado á los recuerdos. Todas las habitaciones están cerradas, de modo que en ellas no pueden entrar sino los espíritus, dado que los espíritus se complazcan en discurrir por los sitios donde vivieron vida mortal, amaron y padecieron.
Todavía queda un rincón de la casa, también en el piso bajo, donde vive la pobre ama Vicenta, quien adora la memoria de su niño Faustinito y no piensa más que en él.
La afectuosa anciana guarda en un arca, como reliquias venerables, todo el traje doctoral, con muceta bordada, bonete y borla, el uniforme de lancero de milicianos nacionales, y el uniforme de maestrante de Ronda.
Yo examiné con atención é interés estos objetos, que, cediendo á nuestras súplicas, el ama Vicenta nos mostró con orgullo.
D. Juan Fresco, tan enemigo de las ilusiones, exhalando un suspiro y sin acritud alguna, me dijo aparte:
—Esos objetos simbolizan las causas de la perdición de mi sobrino político. El traje de doctor es la vanidad científica, la pedantería filosófica, la duda y la incertidumbre sobre cuanto importa para ser enérgico en la vida, con energía sana; el uniforme de miliciano nacional es símbolo de la confusión que solemos hacer de la verdadera libertad con el tumulto, la bullanga y el desorden; y el uniforme de maestrante es símbolo de la manía nobiliaria, de donde nacen la pereza, el despilfarro y la incapacidad para las faenas y menesteres que dan riqueza y prosperidad á las naciones.
Madrid, 1875.