—No puedo.
—V. me engaña. Está aquí todavía.
—No digas tonterías, D. Faustino—dijo el padre Piñón, algo picado.—¿Tengo yo cara de embustero? Te aseguro que María se fué.
—Yo saldré ahora mismo en su busca: yo daré con ella; yo la detendré y la traeré conmigo.
—Haz lo que quieras; pero todo será en balde. Considera, además, que Joselito el Seco anda ya cerca, y te expones á caer en sus manos.
—Aunque caiga en manos de Lucifer.
—¡Ave María Purísima! Estás perdido, loco. Bien puedes decir de tí, con el Salmista: Miser factus sum queniam lumbi mei impleti sunt illusionibus.
D. Faustino ni oyó ni contestó más, y salió corriendo de casa del padre Piñón. Éste imaginó que el propósito del Doctor de ir en busca de María era como una amenaza que no se cumpliría, y se fué á dormir muy tranquilo.
Un cuarto de hora después, D. Faustino, solo, caballero en su jaca, que había hecho ensillar á escape por Respetilla, y armado con trabuco y pistolas, estaba fuera del lugar, camino de la ciudad de..., distante tres leguas.
El Doctor había calculado que María no podía haber huído sino en un carricoche que, á modo de diligencia, pasaba á las doce por Villabermeja é iba á la ciudad de...