Al decir esto, alargó lánguida y graciosamente su blanca y linda mano al General, quien no pudo menos de tomarla.
En seguida se fué el General, reconociendo en su interior que lo más atinado era irse, suspirando por las edades prehistóricas, ó ya que no, por los siglos bárbaros, y renegando de lo que llaman conveniencias sociales, que no le habían consentido desahogarse, cuando no diciendo cuatro frescas á Costancita, porque no era él muy listo de lengua, rompiendo en la cabeza del Doctor la mitad de los chirimbolos y baratijas que había en aquel boudoir, que tan de veras merecía entonces su nombre, con arreglo á la etimología.
Claro está, y esto lo comprendía Costancita mejor que nadie, que el General, por más deseos que tuviera de vengarse, no se había de allanar á provocar á un lance al pobrecillo empleado de catorce mil reales, ni mucho menos había de divulgar lo ocurrido para convertirse en la fábula de Madrid, haciendo saber que Costancita le había plantado y despreciado por semejante trasto, que así llamaba el General á D. Faustino allá en el fondo de su corazón.
Costancita, no bien sintió que el General había salido de su casa, se acordó de su primera juventud y de la franqueza y naturalidad de Andalucía; olvidó por completo su papel de gran señora; volvió á ser la muchacha traviesa y alegre, y aflojó la rienda á la risa, que hasta allí había tenido refrenada con el freno de la circunspección, y que brotó á carcajadas entonces.
El Doctor siguió haciendo el segundo papel en aquel dúo jocoso; y se rió también con toda el alma.
Después se miraron ambos con gran seriedad, con fijeza y por un movimiento involuntario. Fué una serie de mutuas interrogaciones, instintivas y mudas á par de elocuentes, ya que no podían ni debían expresarse con palabras.
El interrogatorio, no obstante, estaba claro, patente á los ojos del uno y del otro, como si le tuvieran escrito. Contenía, entre otras, las siguientes preguntas:
¿Hasta qué punto debemos creer lo que sin duda ha creído de nosotros el General?
¿Qué iba de chanzas y qué iba de veras en esto que hemos hecho para zapearle?
En suma, ¿nos amamos? Y si nos amamos, ¿cómo nos amamos?