Donna Olimpia,
In tutto il vezzo, della sua persona,
le tenía asido y exclamaba con jubiloso entusiasmo:
—¡O gioja ed orgoglio del mio core! ¡O coraggioso mio drudo!
-IX-
Las tiernas y repentinas caricias de la vaga italiana, fueron acompañadas de un diluvio de improperios y de blasfemias, que salían de la boca de Pedro Carvallo, haciéndole coro con risotadas alegres Teletusa y Tiburcio.
Pedro Carvallo sólo podía herir ya con la lengua. Dos robustos y estupendos rufianes le tenían bien cogido entre sus enormes manazas fuertes como el hierro, y Teletusa y Tiburcio, sin dejar de reír, le ataban de pies y manos con suma destreza y valiéndose de lienzos retorcidos a falta de cuerdas que por allí no había.
—¡Matadme o soltadme para que le mate!—gritaba Pedro Carvallo.
Y Tiburcio respondía riendo siempre: