—No os asustéis—exclamó—que no os traigo la cabeza de Juan, sino la de un jabalí, rellena de verdes alfónsigos y de lengua y lomo con mucha sal, pimienta y otros aliños. Estas manos, que se ha de comer la tierra, lo han condimentado todo. Estoy orgullosa de mi habilidad culinaria. Ha sido mi tarea del día de hoy.

—Bien puedes decir como Tito—interpuso donna Olimpia—que no has perdido tu día.

—¿Lo oyes, Tiburcio? Llámame tu Tita que es más breve y más dulce que tu Teletusa.

Y diciendo esto, puso sobre la mesa el plato con la cabeza de jabalí.

Las dos criadas, que entraron en pos de ella, colocaron también sobre la mesa blanco pan, anchas copas y sendos y grandes jarros.

Señalándolos Teletusa con el dedo, habló así:

—Este es vino rancio y seco de Chipre, néctar exquisito, consagrado a Venus, cuya fue aquella isla, allá en las edades felices en que vivieron y reinaron las diosas entre los mortales. Este otro es moscatel de Siracusa, vino del que se embriagaba el Cíclope para consolarse de los desdenes de Galatea, con el que Arquímedes se inspiraba para sus más raras invenciones y del que siempre bebía Teócrito antes de componer sus idilios. No os pasméis, señores, de mi notable erudición. No en balde soy la discípula predilecta de donna Olimpia. De tal palo tal astilla, como suele decirse.

Donna Olimpia y Tiburcio aplaudieron a Teletusa. Y Morsamor, algo pensativo aún y no muy conforme con que todo aquello se aviniese bien con su papel de héroe, empezó a rendirse y a contagiarse del regocijo harto profano que allí reinaba. Morsamor se sintió ebrio antes de beber el vino.

—Que mis escuderos vuelvan aquí también—dijo donna Olimpia—para que coman y beban patriarcalmente con nosotros, que bien lo merecen después del primor con que se han conducido.

—Y vaya si lo merecen—dijo Teletusa—. ¡Hola! Asmodeo y Belcebú, acudid a beber y a regocijaros. Y vosotros, señores Morsamor y Tiburcio, no os maravilléis ni asustéis de los fingidos nombres que damos a estos dos galanes (y como ya habían entrado los señalaba), porque sus nombres verdaderos se guardan para mayores cosas. Ambos son de noble prosapia y aun creo que algo parientes de donna Olimpia.