Los capítulos sobre Chorrillos, que es el Biarritz, el Trouville ó el Ostende peruano; y sobre la quena, flauta, música y canto de los indios, son poéticos y curiosos.
Todo el libro, en suma, nos hace formar claro y hermoso concepto del Perú, en 1873, cuando usted le visitó. Ojalá que dentro de poco, en cercano porvenir, se vean ya realizadas para el Perú todas las halagüeñas y fundadas esperanzas que usted hace concebir y concibe.
Y aquí termino esta larguísima carta, no sin reiterar á usted mi cordial y cumplida enhorabuena por la publicación de sus obras reunidas.
LA RELIGIÓN DE LA HUMANIDAD
(Á DON JUAN ENRIQUE LAGARRIGUE)
I.
Muy señor mío y querido amigo: Mi propósito de examinar y criticar la Circular religiosa de usted, publicada en Santiago de Chile el día 6 de Descartes del año 98 de la Gran Crisis, quedó apenas á medio cumplir ó en suspenso, por culpa de mis grandes quehaceres y de la dificultad de la empresa, superior sin duda á mis fuerzas. Impidió también que yo terminase aquel trabajo mi falta de fe en mí mismo, ó lo desengañadísimo que estoy de mi literatura. Años ha que padezco esta enfermedad mental ó manía, casi incurable, que excita á los hombres á escribir; pero jamás he creído en la utilidad de mis escritos. Mi justificación estaba y está, pues, en procurar que sean divertidos, y en que, ya que no instruyan al prójimo, le den agradable pasatiempo.
En España toda persona que lee sabe más que yo, y toda persona que sabe menos que yo, ó no sabe leer tampoco, ó no quiere fatigarse leyendo. Carezco, pues, de público á quien enseñar; pero, ¿por qué, me digo no ha de haber personas á quienes entretengan mis escritos? Por pocas que sean estas personas, de ellas hago mi público, y á ellas me dirijo.
Por lo expuesto comprenderá usted y disculpará en mí el tono de broma con que en mis cartas anteriores he tratado de las doctrinas de usted. Aun así no han faltado graves sujetos que me han reprendido por perder mi tiempo en exponer locuras, aunque sea para refutarlas. Todavía no he hallado á nadie que no califique de locuras las doctrinas que usted sostiene. Esto acabó de retraerme de seguir exponiéndolas y refutándolas.
En tal disposición de ánimo me encontraba yo, cuando recibí desde París, donde su hermano de usted, Jorge, reside un libro de este apóstol de la humanidad, titulado Lettres sur le positivisme. El libro me venía dedicado con frases para mí tan cariñosas y lisonjeras, que hube de quedar á usted y á su hermano profundamente agradecido. Recibí después, con fecha 17 de Shakespeare del año 100 (25 de septiembre de 1888), una extensa carta (impresa en un folleto de 60 páginas), que usted me dirige sobre la Religión de la Humanidad. Y he recibido, por último, con singular dedicatoria autógrafa, otra carta de usted á la señora doña Emilia Pardo Bazán, sobre el mismo asunto, escrita el día 2 de Arquímedes del año 101 (27 de marzo de 1889 de nuestra era), también en Santiago de Chile.
Contienen estos documentos, elegantemente impresos y escritos, unos en castellano y otros en francés, tan discretas y bien concertadas razones, tanta cortesía y tanto afecto amistoso para doña Emilia y para mí, que sería yo harto descortés é ingrato si no contestase con benevolencia.