—Tire Vd.—dijo el capitán.

—No hay para qué. El rey de copas. ¡Maldito sea! El curita me ha desplumado. Recoja Vd. el dinero.

El conde echó con rabia la baraja sobre la mesa.

D. Luis recogió todo el dinero con indiferencia y reposo.

Después de un corto silencio, habló el conde:

—Curita es menester que me dé Vd. el desquite.

—No veo la necesidad.

—¡Me parece que entre caballeros!...

—Por esa regla el juego no tiene término—observó D. Luis—. Por esa regla, lo mejor sería ahorrarse el trabajo de jugar.

—Déme Vd. el desquite—replicó el conde, sin atender a razones.