«Ella entónces suspiró como aliviada de una grave preocupacion; estrechó mi mano con gratitud, y murió en paz.

«Yo he cumplido fielmente el deber que me impuse: he administrado esos bienes con el acierto que dá una larga experiencia en los negocios; los he conservado, los he hecho fructificar: pero siempre en el limite que mi delicadeza me prescribía: no como guardador, sino como administrador, rindiendo cuentas de mi cometido y entregando al señor Ridel las fuertes sumas que producen.

«Hoy me ha hecho saber que V. se ha emancipado; y que, por tanto, la ingerencia que yo le daba en los asuntos de su hijo, ha cesado.

«Por consecuencia, y persuadido de que él habrá informado á V. del estado floreciente de su fortuna, no solo por mi buena voluntad en su administracion, sino á causa del subido precio que ha adquirido la propiedad, réstame solo ponerla á su disposicion, y pedirle se sirvo impartirme sus órdenes».

Esta carta de un tutor hasta entónces ignorado, fué un rayo de luz en el misterio que rodeaba el pasado de Mauricio, y efectuó un cambio favorable en su destino.

Alejado de su padre, por la funesta influencia que se alzaba hostil entre ambos, el hijo desechado, bendijo la ternura previsora de aquella madre moribunda, que viendo cernerse la desgracia sobre la cuna del niño que le era forzoso abandonar, había querido, asegurándole una fortuna independiente, preservarlo en los azares del porvenir.

Mauricio expresó su profunda gratitud al honrado escribano; confióle los dolorosos motivos de su doble ostracismo; y le suplicó, en nombre de aquella cuyo encargo había tan noblemente cumplido, quisiera favorecerlo á él, continuando en la administracion de aquellos bienes, para lo cual le confirió un pleno poder.


V

Las lágrimas de una infancia desamparada y las tristezas de su juventud, sin patria, ni hogar, habían dado al carácter de Mauricio una gravedad melancólica que, alejándolo de los placeres bulliciosos de sus compañeros, lo preservó de la disipacion.