—Bendita sea ella; y bendito el verano con sus lijeras gasas y sencillas galas.

Renata déme Vd. mi baton de cachemira. Gracias... ¡Ah! ¡qué liviano es esto! y al mismo tiempo qué abrigado.

—¡Y qué lindo!—añado yo.—¿Quién te lo hizo?

—¿Quién ha de ser? Julia Lopez, tu servidora.—

Mauricio sorprendió á su corazon estremeciéndose al escuchar este nombre.

Y cuando la emocion se lo permitió—¡Qué bien te está!—oyó decir.

—Lo hice por los últimos modelos de «La Estacion»; así, en cuanto la severidad del luto lo prescribe.

—Feliz tú, que puedes emanciparte de la odiosa tutela de las modistas.

—He ahí la única ventaja del pobre sobre el rico; servirse á sí mismo.

—Sin embargo, he aquí, Renata, que está sirviéndote en este momento.