—Sí, porque es el jugo de esta, condensado. Producto de la Confitería del Lampo: esto lo dice todo.
—Cierto. Qué manos mágicas confeccionan cuanto sale de ese maravilloso emporio de lo rico, suculento y bello.
—Dicen que sus propietarios van á realizar grandes mejoras en ese establecimiento, ya tan acreditado. Entre ellas, hablan de salones magníficos, sobre todo el destinado á las señoras, decorado con esplendor y rigurosamente reservado para ellas.
—Sin duda, los Partiano se han inspirado en el espíritu de esta casa.
—¡Excelente inspiracion! amable galantería que debemos agradecer, aunque solo fuera porque nos librara á la hora de los helados, del insoportable olor del tabaco, esa pestilente atmósfera de todos los sitios frecuentados por los hombres...
La campana del comedor sonó otra vez.
—¿Vamos?
—Vamos.
—Dame el brazo y permíteme ser tu caballero.—