¿Sonrien Vds.? ¡Ah! otra cosa era oirlo. Aquel eterno contrariar cuanto pensaba ó deseaba el esposo.

¡Y este!... El desventurado, por más que ante ella sonreia siempre, á vueltas de esa sonrisa su semblante estaba triste.

Una vez sola, vilo con aire gozoso. Fué pocos dias antes de su muerte.

Salía yo de aquí, á tiempo que él pasaba en compañía de un amigo, á quien decía alegre frotándose las manos:

—Dice V., que tiene curiosidad de saber ¿por qué estoy tan contento?

—De seguro, un buen negocio—replicaba el otro.

—Sí; pues anda V. léjos—breve: es un obsequio que he hecho á mi mujer en el porvenir; y lo mejor aún, sin que ella lo sospeche, siquiera; y todavía, contra la poderosa voluntad de aquella querida criatura.

El desgraciado hablaba así, de aquella que lo arrastró á la ruina y á la muerte.

—¡Pobre mujer! demasiado cruelmente ha expiado sus faltas. ¡Paz á su memoria!—oyóse decir á Julia Lopez, con piadoso acento.