El reloj de la casa, dando las cuatro, despertó á Mauricio de aquel enagenamiento.

Parecióle descender de elevadas esferas y miró con asombro en torno suyo.

Su trabajo concluido, enrollado y sobre el sombrero, aguardaba desde las dos de la tarde que debió ser puesto en caja.

Avergonzado de aquella inexactitud, apresuróse á correr á la imprenta, no sin las precauciones del proscrito: escurriéndose sin ruido y cuidando de no ser visto al salir de su cuarto.

Felizmente, el diario había debido preferir la publicacion de documentos más urgentes.


XVIII

Aquella noche, Mauricio encontró sobre la mesita central de su cuarto y bajo el globo de gas, un album en cuero de Rusia con sus broches de plata cuidadosamente cerrados y un aire de coqueto misterioso.

—Hé aquí el enigma insoluble de Renata—pensó Mauricio.