Nada tan claro y sencillo.

Sin embargo, al abrir aquel album, al contacto de sus páginas, sentía algo del pavor que inspira el santuario.

Iba á descorrerse el velo que ocultaba al objeto de su amor.

El album aquel era un libro sui géneris; una galería de retratos seguida de filiaciones biográficas que le daban interés y novedad.

Contenía en órden cronológico las fotografías de todas las señoras que habitaban la casa.

Comenzaba la série, el retrato de una dama de sesenta años, con ojos vivos y alegrísimo semblante.

Su filiacion decía que la señora de Sanabria era viuda de un rico estanciero y poseía campos y haciendas innumerables.

El biógrafo terminaba cada filiacion con un chiste referente al carácter de su heroina.

Así, de la señora de Sanabria, decía que, de una manera desordenada, tenía la manía de la caridad. Para poner á sus anchas la confianza de sus pobres, declaraba sus riquezas inagotables, conjurándolos á pedir y pedir.

A esta seguía la señora Zárate, antigua directora de un colegio de niñas fundado por la Sociedad de Señoras de la Misericordia y servido por Hermanas del Huerto.