XXII
Ido el médico, formóse en torno á la mesita central el corro femenil. Julia estaba en él. Mauricio, entreabriendo los ojos, veia su silueta destacándose en el claro oscuro del cuarto, blanca, ligeramente pálida en su vestido de luto.
Tenía en la mano un trozo de tela de lino que deshilaba con sus rosadas uñas, colocando cuidadosamente las hebras extraidas en un papel de seda, abierto sobre la mesa.
—Se dá Vd. un trabajo inútil—díjole la señora de Sanabria.—Yo he traido un paquete de hilas de la botica.
—Quién sabe qué manos las hicieron y de qué tela.
—Julia tiene razon. Ejemplo: Fernando B... padeció dos años de un cortesito en la mano, convertido en una grande llaga, por el uso de ciertas hilas que, averiguado su orígen, resultaron ser despojo de la sábana de un enfermo de viruelas.
—¡Qué horror!
—¿Y ha escrito Fernando B...?
—De todos los lugares donde se ha detenido: de Barcelona, de Valencia, de Sevilla. Encantados él y Carmencita.