—Ahora, asimilarse lo más posible al último figurin de «La Estacion», y así perifolladas, sentarse á la mesa con nuestro bello comensal.
—¡Ay! mi hija, ¿sabes que me quedé helada el primer dia que entramos á su cuarto, despues del accidente? Esa puerta cegada que sirve de ropero, es la que está detrás del piano en tu saloncito, Julieta.
—Yo lo sabía,—dijo Julia,—pero sabía tambien, y Vds. como yo, que mi vecino estaba ausente.
—Y yo, no obstante eso, temiendo que nos hubiera escuchado, comencé á hacer mi exámen de conciencia, pensando en los disparates que pudimos haber dicho.—
La campana del comedor anunció prevencion.
Las jóvenes se dispersaron.
Mauricio se apresuró á vestirse.
Con qué sentimiento de gozo vióse, otra vez, en pié, actuando en la vida, y un rayo de felicidad iluminando su alma.........
Renata vino á interrumpir este arrobamiento.