La bondad característica de los hijos de aquella tierra, tiene, en todas las clases sociales, desde el aristócrata hasta el obrero, una gracia irresistible que cautiva el alma y mata toda nostalgia.

Desde el sábio Blain, director del colegio donde fué el niño consignado, hasta el ama de llaves, la buena Colombe; desde los alumnos hasta los profesores: todos acogiéronlo con tan benévola conmiseracion, que primero la serenidad y luego la alegría, vinieron como nunca, expansivas á aquel pobre corazon, por tanto tiempo oprimido.

El desterrado comenzó á encontrarse feliz en su nueva familia.

—¡Ah!—pensaba, recordando el pasado—¿así se ama, se acaricia y se protege? ¿Por qué no he conocido yo hasta hoy, estos bienes?

Y refugiábase en esa atmósfera de calurosos afectos; y sentía el dulce bienestar del que renace á la salud despues de una larga enfermedad.


III

Los años trascurrieron así, con sus épocas clásicas, en la vida del niño. Los exámenes; los premios; el paso á estudios superiores; el del vestido infantil al traje viril; la primera comunion.....

¡Qué ceremonia, á la vez tan imponente y tierna!

Cumplido en él, el divino misterio, de rodillas ante el altar, el niño tiende la mano sobre el Sagrado Libro y jura ser virtuoso y bueno.