Declinaba la tarde: el ave marina rezagada aguzaba sus remos, ansiosa de llegar á tierra y á su nido. Subiendo por la costa tajada y por el ya obscuro jardín, dejóse oir un primer chillido siniestro, estridente, de ave nocturna. Pero la pajarera de refugio estaba perfectamente cerrada, durmiendo los pajaritos la cabeza bajo el ala. No obstante, quiso asegurarse por sí misma la señora y vió que no había peligro. Entonces, escapóse un suspiro de lo hondo de su pecho y abrazó fuertemente á su hijo.

V

Baños.—La belleza renace.

Si, como afirman algunos médicos franceses, los baños de mar sólo tienen una acción mecánica, y no dan á la sangre ningún principio nuevo, siendo simplemente una rama de la hidroterapia, preciso es confesar que de todas las formas de la hidroterapia, ésta es la más ruda, la más aventurada. Desde el momento en que esa agua, tan rica de vida, no hace más efecto que el agua clara, es una locura practicar tales experimentos al aire libre, expuestos á los azares del viento, del sol y de otros mil accidentes.

Cualquiera, al ver salir del agua á la pobre criatura que toma los primeros baños, pálida, descarnada, atemorizada, con un temblor mortal, presiente lo rudo que ha de ser tal ensayo y el peligro que corren ciertas constituciones. Estad persuadidos que nadie irá á afrontar tan terrible suplicio si puede suplirlo en su propia casa y sin riesgo por medio de una suave y prudente hidroterapia.

Añadid que la impresión, como si no fuera bastante fuerte, se agrava para la mujer nerviosa con la presencia de la muchedumbre. Es una exhibición cruel ante un mundo crítico, ante las rivales encantadas de encontrarla fea una vez siquiera, ante hombres poco circunspectos que de todo hacen burla, observando, gemelos en mano, las tristes peripecias de tocado de una pobre mujer humillada.

Para soportar todo esto, preciso es que la enferma tenga una fe, pero una gran fe en el mar, que crea que no hay otro remedio que pueda curarla, que quiera á toda costa empaparse de las virtudes de sus aguas.

«¿Por qué no?—dicen los alemanes.—Si la primera impresión del baño os contrae y cierra vuestros poros, después se abren por medio de la reacción de calor que se sigue; la piel se dilata y se hace muy susceptible de absorber la vida del mar.»

Estas dos operaciones, son obra casi siempre de cinco ó seis minutos. Un baño más largo suele perjudicar.

Por otra parte, no debe llegarse á la violenta emoción de los baños fríos, sino después de prepararse con el uso de baños tibios que facilitan la absorción. Nuestra piel, formada enteramente de boquitas, y que á su modo absorbe y digiere como el estómago, necesita acostumbrarse á tan fuerte alimento, á beber el mucus del mar, esa leche salada que constituye su vida, con la que hace y rehace los seres. En la sucesión graduada de los baños calientes, tibios y casi fríos, la piel tomará ese hábito, esa necesidad: experimentando sed, beberá más y más todos los días.