Antes de estos magníficos descubrimientos, que no datan de veinte años, nadie era osado á escribir el libro del Mar. El primer ensayo fué el de M. Hartwig.

En cuanto á mí, lejos estaba de pensar en tamaña empresa, cuando, en 1845, mientras preparaba los materiales para mi libro, El Pueblo, comencé en Normandía el estudio de la población de las costas. En los últimos quince años ese asunto vasto y difícil fué ensanchándose á mis ojos y me ha acompañado de playa en playa.

El libro primero, Ojeada á los mares, es, como indica su título, un paseo previo. Todas las materias importantes serán pasadas en revista en los libros siguientes.

Hago excepción de dos de éstas, las Mareas y los Faros. Aquí, mi principal guía ha sido M. Chazallon, ó sea su importante Anuario, que hoy día forma veintiocho volúmenes. El primero apareció en 1839. Si se diese una corona cívica á todo el que salva la vida á un ser humano, ¡cuántas no hubiera recibido el autor del Anuario! Hasta su aparición, los errores sobre las mareas eran enormes; y merced á un trabajo inmenso, M. Chazallon ha rectificado las observaciones para unos quinientos puertos desde el Adour hasta el Elba.—Los más exactos informes sobre los faros encuéntranse en su Anuario. Reunid á éste la exposición clara y agradable que M. de Quatrefages (Recuerdos) ha hecho del sistema de alumbrado de Fresnel y Arago. El admirable invento de los faros á eclipse se debe á Descroirilles y á Lemoine, ambos hijos de Dieppe (V. M. Ferey.).

Para los distintos nombres del mar ([cap. i], p. 7), véase Ad. Pictec, Orígenes indo-europeos.—Respecto del agua, Introducción del Anuario de las aguas de Francia (por Deville); Aimé, Anales de química, II, V, XII, XIII, XV; Morren, ibidem, I, y Acad. de Bruselas, XIV, etc.—Tocante á la salobridad del mar, Chapmann, citado por Tricaut An. de hidrografía, XIII, 1857, y Thomassy Boletín de la Sociedad geográfica, 4 junio 1860.

Página 18. S. Michel-en-Grève. No me hice cargo como es debido de esta playa y de los asuntos á ella anejos sino después de haber leído en la Revue des Deux Mondes los magníficos artículos de M. Baude, tan instructivos, llenos de detalles, y de ideas elevadas. En otro sitio me he ocupado de sus excelentes conocimientos sobre la pesca.

Al hablar de la Bretaña ([cap. III], p. 23), hubiera debido encomiar el libro de Cambry, al que debo mis primeras impresiones sobre aquel país. Ha de leerse la edición que Souvestre ha enriquecido (y doblado su valor, no hay que dudarlo) con notas y comentarios excelentes que hicieron prever desde aquel momento Los últimos Bretones, del mismo autor. En varias novelitas, de una exactitud admirable, nos ha dado Souvestre los mejores cuadros que se poseen de nuestras costas del Oeste, especialmente tocante al Finisterre y á las comarcas inmediatas al Loire. Gran satisfacción hubiera tenido en citar algún pasaje de escritor tan galano é inolvidable amigo; empero hice el propósito de no hacer ninguna cita literaria en mi obrita.

La notable frase de Elías de Beaumont ([cap iv], p. 26) se encuentra á la cabeza de un artículo que constituye un gran libro, su artículo Terrenos, en el Diccionario de M. d'Orbigny.

[Cap. vii], p. 51. Lo que digo de Royan y Saint-Georges, encontraráse más elegantemente expresado en los eruditos libros de Pelletan, Nacimiento de una población y el Pastor del Desierto. Sábese que ese pastor es el abuelo de Pelletan, el ministro Jarousseau, admirable y heroico para salvar á sus enemigos. La casita que aun existe es un templo de la humanidad.

NOTAS DEL LIBRO SEGUNDO. Génesis del mar.—Cap. i.—Fecundidad.—Sobre el arenque, véanse el anónimo holandés traducido por De Resto, tomo i; Noël de la Morinière, en sus excelentes obras, impresas é inéditas: Valenciennes, Peces; etc.