Mirad al fondo de un manantial: primero nada veis, y luego observáis algunas gotas un poco turbias. Con un buen anteojo, lo turbio se convierte en una nubécilla, ¿gelatinosa ó coposa? Vista al microscopio el copo se vuelve múltiple, como un grupo de filamentos, de caballitos. Se les considera mil veces más delgados que el más delgado cabello femenino. He aquí la primera y tímida tentativa de la vida que quisiera organizarse. Esas confervas, como se les llama, se encuentran incesantemente en el agua dulce y en la salada cuando está inmóvil, empezando por ellas la doble serie de plantas originarias del mar y de las que adquirieron carta de naturaleza en la tierra cuando ésta emergió. Fuera del agua críase la numerosísima familia de los hongos, y dentro de las confervas, algas y otras plantas análogas.
Es el elemento primitivo, indispensable, de la vida, encontrándosele donde parece imposible que pueda medrar. En las sombrías aguas marciales cargadas y sobrecargadas de hierro, en las muy cálidas aguas termales, encontraréis ese ligero mucus y esas criaturillas que se asemejan á gotas apenas desarrolladas, pero que oscilan y se mueven. No importa cómo se las clasifique, ni que Candolle las honre con el nombre de animales, y que Dujardin las relegue al último rango de los vegetales. No tienen más misión que vivir, que empezar por su modesta existencia la dilatada serie de seres que sólo ellos pueden producir. Esos pequeñuelos, vivos ó muertos, les sustentan con su propio ser, administrándoles desde abajo la gelatina de vida que sacan incesantemente del agua materna.
No hay verosimilitud en indicar como muestra de la creación primitiva fósiles ó piedras diluvianas de animales ó vegetales complicados: animales (los trilobitos) que ya poseen sentidos superiores, por ejemplo, ojos; vegetales gigantescos de poderosa organización. Es muy probable que seres mucho más sencillos precedieron y prepararon aquéllos, mas su muelle consistencia no ha dejado ningún vestigio. ¿Cómo habrían podido resistir la acción de los tiempos tan débiles seres, cuando las más duras conchas son trituradas ó disueltas? En el mar del Sur se han visto peces de acerados dientes ramoneando el coral, lo mismo que un carnero ramonea la hierba. Los blandos esbozos de la vida, las gelatinas animadas, aunque sólidas apenas, se han fundido millones de veces antes de que la Naturaleza pudiese fabricar su robusto trilobito, su indestructible helecho.
Restituyamos á esos pequeñuelos (confervas, algas microscópicas, seres flotantes entre dos reinos, átomos indecisos que se truecan por momentos de vegetal en animal y de éste en aquél), restituyámosles su derecho de primogenitura que, según parece, les corresponde.
Sobre ellos, y á su costa, comienza á elevarse la inmensa, la maravillosa flora de los mares.
Y no me es dado en este punto ocultar la tierna simpatía que por ella siento. Por tres motivos la bendigo.
Pequeñas ó grandes, esas plantas tienen tres caracteres simpáticos:
Primero su inocencia. Ni una sola produce la muerte. El mar no encierra ningún veneno vegetal. En las plantas marinas todo es salud y salubridad, bendición, de la vida.