Desde el momento que aparecieron esos tímidos, se echaron en brazos de la prudencia hasta un límite desconocido; huyeron de la luz del día, encerráronse. Para librarse de los contactos duros, secos, cortantes de la piedra, emplearon el sistema universal, la muda, secretando de su muda gelatinosa un envoltorio, un tubo que va dilatándose á la par que se dilata su carrera. Mísero expediente que mantiene á esos menores (los taretos) alejados de la luz y del aire libre, causándoles un dispendio enorme de sustancia. Cada paso que dan les cuesta lo que no es decible, el gasto entero de una casa. Un ser que de tal suerte se arruina para vivir, sólo puede vegetar, y es incapaz de progreso.
No es mucho mejor el recurso de amortajarse un momento, esconderse en la arena durante la baja mar, remontando cuando se presenta el flujo. Es lo que practican los solenos. Vida variable, incierta, fugitiva dos veces al día y de constante inquietud.
Entre seres mucho más inferiores había empezado á despuntar cierta cosa, obscura todavía, y que á la larga debía cambiar la faz del Universo. Las simples estrellas marinas, en sus cinco rayos tenían cierto sustentáculo, algo como una armazón de piezas articuladas, algunas espinas por afuera, chupaderas que adelantan y retroceden á voluntad. Un animal asaz modesto, aunque tímido y serio, hase aprovechado, al parecer de tan grosero bosquejo. Opino que ha hablado de esta suerte á la Naturaleza:
«Nací sin ambición: no pido, pues, los brillantes dones de los señores moluscos; no fabricaré ni nácar ni perla; no quiero colores vivos, lujo que atraería sobre mí las miradas de los demás. Menos deseo la gracia de vuestras casquivanas medusas, ni el ondulante encanto de sus cabellos inflamados que atraen, las crean enemigos y las ayudan á naufragar. ¡Oh madre! sólo deseo una cosa, ser... ser uno, y sin apéndices externos y comprometedores—ser rechoncho, fuerte en mí mismo, redondo, pues es la forma más á propósito para podernos librar de las garras de los demás,—el ser, en fin, centralizado.
»Apenas poseo el instinto de los viajes. De la plea á la baja mar, bastante hacemos con ir rodando. Pegado estrictamente en mi roca, resolveré allí el problema que vuestro futuro favorito, el hombre, debe buscar en vano, el problema de la seguridad: excluir estrictamente el enemigo, al paso que recibimos al amigo, sobre todo el agua, el aire y la luz. No ignoro que esto me costará no poco trabajo, un esfuerzo constante; cubierto de espinas movibles, me haré temer. Erizado, solo como un misántropo, llamaráseme el esquino.»
¡Cuan superior á los pólipos es ese discreto animal, los cuales pegados en su propia piedra que forman de pura secreción, sin trabajo real, carecen, no obstante, de seguridad! ¡Y cuán superior parece á sus mismos superiores, esto es, á tantos y tantos moluscos cuyos sentidos son más variados, empero carecen de la fija unidad de su bosquejo vertebral, de su perseverante trabajo, y de las ingeniosas herramientas que dicho trabajo ha inventado!
Lo maravilloso es que, siendo á la vez él mismo, la pobre bola rodadera que se supone una castaña espinosa, es uno y es múltiple; es fijo y es movible; constando de dos mil cuatrocientas piezas que se desmontan á voluntad.
Veamos cómo se creó.
Erase un angosto ancón del mar de Bretaña. No tenía allí un blando lecho de pólipos y de algas como los esquinos del mar de las Indias, que están dispensados de industria. Encontrábase frente á frente del peligro, de las dificultades, como el Ulises de la Odisea, el cual, arrojado, traído por el oleaje, prueba de agarrarse á las rocas con sus uñas ensangrentadas. Cada flujo y reflujo era para el pequeño Ulises sinónimo de una gran borrasca; mas, su fuerza de voluntad, su poderoso deseo le hizo besar de tal suerte la roca, que ese continuado beso creó una ventosa, la cual hizo el vacío y lo unió á la roca misma.
La cosa no paró aquí: de sus espinas que escarbaban y querían agarrarse, se subdividió una, convirtiéndose en triple pinza, verdadera áncora de salvación que secundaría á la ventosa si ésta se aplicaba mal á una superficie poco lisa.