Cuando hubo pellizcado, aspirado poderosamente su roca, sintióse afirmado, comprendiendo más y más cada vez, que era ventajosísimo para él si, de convexa que aquélla era, llegaba á trocarla en cóncava, fabricando á su medida un agujerito, haciéndose un nido, pues la juventud pasa y nos abandonan las fuerzas. ¡Qué dulzura si algún día el jubilado esquino podía desprenderse un tanto del esfuerzo de aquella áncora que prosigue día y noche!

Así pues, empezó á cavar: ésta es su existencia. Fabricado de piezas sueltas, obra por medio de cinco espinas que, empujando siempre á un tiempo, se soldaron y constituyeron un pico admirable para horadar.

Este pico, con cinco dientes del más precioso esmalte, está sostenido por una armazón delicada, aunque muy sólida, formada de cuarenta piezas, las cuales se deslizan por una especie de vaina, salen, penetran; en fin, su mecanismo es perfecto. Por medio de esa elasticidad evitan los choques violentos; más aún, repáranse si sobreviene algún accidente.

Ese héroe del trabajo, raras veces esculpe en la piedra común que desprecia, sino en la roca, en el granito; y cuanto más dura y resistente es la roca, más firme se halla. Por otra parte, ¿quién le apura? El tiempo le sobra, es dueño de los siglos. Si mañana fenece, después de usar su vida y su herramienta, otro ocupa su lugar, y prosigue la obra comenzada. Esos solitarios se comunican muy poco en vida, empero existe la fraternidad para ellos por la muerte, y el joven que sobreviene y encuentra la obra medio acabada, goza de las fatigas de su antecesor bendiciendo su memoria.

No creáis que se trate de golpear y sólo golpear. Su trabajo es un arte. Cuando ha atacado suficientemente el cimiento que une la roca y excavándola bien, muerde sus asperezas como con unas tenacillas, y desarraiga el sílex. Obra de mucha paciencia, que implica dilatadas huelgas para que el agua obre también en los sitios descarnados. Entonces, de la primera capa puede pasarse á la segunda, y por medio de procedimientos lentos y seguros, terminar la tarea.

En esa vida uniforme hay, sin embargo, las mismas crisis que en la del obrero. El mar huye de ciertas playas; en el verano, tal ó cual roca se caldea de un modo insoportable. Es preciso, pues, tener dos casas, una de estío y otra de invierno.

Grande acontecimiento semejante mudanza para ser sin pies y que ostenta púas por doquiera. M. Caillaud halo observado y admirado en tales momentos. Las débiles y movibles varillas que juegan, se adelantan y retroceden, no son insensibles, aunque garantice hasta cierto punto la secreción á su derredor de una cantidad de blanda gelatina que, sin duda, constituye un colchón. Por fin, es preciso; se lanza, se afirma sobre sus púas, como sobre otras tantas muletas, rueda su tonel de Diógenes y, como puede, llega á puerto.

Encerrado allí de nuevo y en su cáscara erizada, en el pequeño nido que casi siempre encuentra empezado, concéntrase en sí mismo, en su regocijo solitario de seguridad benéfica. Que ronden mil enemigos por afuera, que las olas truenen ó mujan, todo esto le sirve de recreo. Si tiembla la roca á los embates del mar, sabe perfectamente que nada tiene que temer, que la que causa aquel ruido es su bondadosa nodriza. Encuéntrase mecido, le vence el sueño y dícela: Buenas noches.

VIII

Conchas, nácar, perla.