El sabio librero italiano, Colón, sabía bien lo que se hacía. Había estado en Islandia recogiendo las tradiciones; y, por otra parte, los vascos le comunicaban cuanto sabían de Terranova. Un gallego había hecho aquel viaje y habitado la tierra, y Colón asocióse con pilotos establecidos en Andalucía, los Pinzones, que se cree eran de la familia de los Pinçon de Dieppe.
Este último punto no deja de ser verosímil. Nuestros normandos y los vascos, súbditos de Castilla, estaban en íntimas relaciones. Estos son los nombrados castellanos que á las órdenes del normando Bethencourt emprendieron la célebre expedición de las Canarias (Navarrete). Nuestros reyes concedieron privilegios á los castellanos establecidos en Honfleur y Dieppe, mientras que los dieppenses poseían factorías en Sevilla. No puede afirmarse que un dieppés haya descubierto la América cuatro años antes que Colón; empero poca duda cabe que los Pinzones de Andalucía eran armadores normandos.[2]
Ni vascos ni normandos habrían logrado hacerse autorizar por el reino de Castilla. Fué menester un italiano hábil y elocuente, un genovés obstinado que prosiguió la empresa quince años consecutivos, que supo aprovechar la hora propicia y descartar todos los escrúpulos. La ocasión oportuna fué cuando la guerra de conquista contra los moros costaba tan cara á Castilla, cuando de todas partes oíase el clamoreo de: ¡oro! ¡oro! Fué cuando la España victoriosa deliraba por su gran cruzada y establecía el tribunal de la Inquisición. El italiano se agarró á esta palanca, convirtiéndose en más devoto que los devotos. Obró por la Iglesia misma: representóse á Isabel como un caso de conciencia el dejar tantas naciones paganas envueltas en las sombras de la muerte; fuéla demostrado con toda claridad que descubrir el país del oro equivalía al exterminio del turco y á la reconquista de Jerusalén.
Sabido es que de las tres carabelas que formaron la expedición, dos fueron suministradas por los Pinzones que las comandaban. Ellos tomaron la delantera. Verdad que uno se engañó; mas los otros dos, Francisco Pinzón y su joven hermano Vicente, piloto del barco Niña, indicaron á Colón que debía seguirles al Suroeste (12 de octubre de 1492). El italiano, que se encaminaba en derechura al Oeste, hubiese encontrado en toda su fuerza la cálida corriente que de las Antillas se dirige á Europa, y mucho le habría costado salvar aquel líquido muro, pereciendo ó navegando con tal lentitud que su tripulación se revoltara. Los Pinzones, por el contrario, poseyendo tal vez algunas tradiciones sobre aquel viaje, navegaron como si conociesen dicha corriente, no afrontándola á su salida, sino que, declinando al Sur, pasaron sin trabajo y abordaron en el mismo punto donde los vientos alisios empujaban las aguas del Africa hacia la América, en los límites de Haití.
Esto está corroborado por el diario mismo de Colón, que confiesa con franqueza que los Pinzones le guiaban.
¿Quién fué el primero que divisó la América? Un marinero de la tripulación de los Pinzones, si hemos de dar crédito á la investigación hecha por orden del Rey en 1513.
Según esto, era de presumir que una buena parte de las ganancias y de la gloria correspondería á los Pinzones. Armóse un pleito, y el Rey se decidió en favor de Colón. ¿Por qué? Porque (con toda verosimilitud) los Pinzones eran normandos, y España prefirió reconocer el derecho de un genovés sin estabilidad y sin patria al de los franceses, de la gran nación rival, de los súbditos de Luis XII y de Francisco I, que algún día hubieran podido transferir ese derecho á sus soberanos. Uno de los Pinzones murió de pesar.
Fuera de esto, ¿quién había sabido levantar el grande obstáculo de la repugnancia religiosa, empleando toda su elocuencia, su destreza y perseverancia para decidir los ánimos en favor de la expedición? Colón y sólo Colón. El era el único creador de la empresa y fué asimismo su heroico ejecutor. Así, pues, merece la gloria que le ha dado la posteridad.
Opino, como M. Julio de Blosseville (corazón noble, buen juez de los grandes hechos), opino que lo único difícil que hubo en esos descubrimientos fué el dar la vuelta al mundo, la empresa de Magallanes y de su piloto Sebastián de Elcano.