—Leo El Sol—dijo Antoniño.

¿El Sol?

El Sol.

—¿Un periódico de diez céntimos?

—Justamente.

Un periódico de diez céntimos—pensó quizás el cura—debe de ser tan malo como dos periódicos de cinco. Luego, en voz alta, continuó:

—¿Un periódico que no admite el anticipo reintegrable?

—Sí, padre—contestó Antoniño ya medio anonadado.

—¿Un periódico—interrogó aún el cura—que hace campaña contra el espionaje alemán?

Antoniño no podía negar.