«Aunque las capillas no traían portada, me bastó recorrer algunas páginas para decir ex ungue leonem: este libro no puede venir sino del autor de los Gérmenes y la Embriogenia del Lenguaje. Ya supondrá usted que no he podido todavía leerlo íntegramente y con detención, línea por línea, como debo hacerlo; y no ocultaré á usted que me ha acometido cierto pujo de vanidad al ver que es más considerable el número de casos en que estamos de acuerdo que el de aquellos en que disentimos: vanidad que no carece de su poquito de modestia, pues que me obliga á más escrupuloso estudio.
Mayáns dijo por ahí que las Partidas eran la Tesorería Mayor de la lengua castellana; juzgo que si le hubiera tocado en suerte vivir en nuestros días y leer la Gramática del Quijote, y el Diccionario que la acompañará, hubiera vacilado en la aplicación de la frase. Sin duda que el código del Rey Sabio abarca grandísimo número de cuestiones y materias que exigen un vocabulario propio; pero las lenguas no son palabras solamente, sino frases, construcciones, metáforas, giros; variedad de estilos y lenguaje según las clases sociales y las circunstancias de la vida. En este concepto no cabe comparación entre los dos insignes monumentos de la literatura castellana. Quien acuda á la sintaxis de usted, se quedará pasmado de ver los insuperables recursos de que dispone nuestra lengua para formar y enlazar las frases, y construir oraciones y períodos, con la más cumplida precisión y elegancia. Basta leer algunos capítulos de Cervantes para saber cómo se explicaban en su tiempo los literatos y el pueblo, para estimar el estilo llano de la gente culta y el desaliñado del vulgo, vivificado todo con la intuición más sorprendente de las almas que viven y palpitan en esas frases.
La gramática del Quijote puede decirse, pues, que es la gramática de la lengua castellana en su forma más nacional y genuina; y en ninguna labor pudiera usted haber empleado mejor sus profundos conocimientos filológicos y su penetración científica. En la exposición y análisis de la obra de Cervantes ha hecho usted converger todos los elementos de la ciencia del lenguaje, la fonética como la psicología, la crítica del texto como la estimación estética de la elocución; y lo que vale más, para tan ardua tarea ha usado usted de un criterio libérrimo como el de Cervantes, para quien la gramática era «la discreción del buen lenguaje»... He celebrado mucho ver cómo se burla usted de ciertas reglas que parecen forjadas por sordos y mudos para sordos y mudos, por gente y para gente que ignora lo que habla y lo que oye, por el estilo de los que han querido hacernos creer que en castellano, ni más ni menos que en latín, tenemos sílabas largas y breves por naturaleza y por posición, ó que nuestros adjetivos concuerdan con el sustantivo en género, número y caso. La naturaleza misma de la obra de usted le ha favorecido en la empresa de escombrar este terreno de las malezas de la rutina y del capricho individual: hechos estudiados con rigor científico, esas son sus reglas.
He recibido y he estado hojeando el Diccionario y Comentario del Quijote; y con santa envidia me he quedado pasmado del cúmulo de trabajo, y más que todo, del saber que aparece dondequiera. Lo tendré sobre mi mesa y lo consultaré á cada paso como á maestro consumado...»
Rufino J. Cuervo.
Nuevo método teórico-práctico para aprender la lengua latina.—Dos tomos, pesetas 12.—Palencia, 1907.