Augusto Lemaître en su Audition colorée et phénomènes connexes observés chez des écoliers trata largamente de los experimentos hechos por él mismo en niños de doce á catorce años en el colegio de Génova en 1900. Por la tabla de los colores, en la que resume los experimentos, se ve que ninguna vocal tiene el color violado, que a es lo más ordinariamente roja ó blanca, que é es amarilla, i blanca (más raras veces roja), o negra, u verde, pero tan á menudo negra, amarilla ó azul. Las preferencias generales concuerdan con las aducidas por Flournoy[11]; sólo hay divergencia en la o, que ordinariamente es roja ó amarilla en las preguntas de Claparède, y que Lemaître halla resueltamente como negra. He tratado despacio de este asunto en la Embriogenia del lenguaje, y no me detendré más en él.

Rojos son los instrumentos de cobre para Stuart Merril, no sé si por su color material ó por lo desgarrador de su estridencia. Por lo menos en sus Gammes se lee:

«Que les Espérances écloses
Clament au cœur des clairons roux
Dans l’Azur des apothéoses:
Gloire aux amants fervents et doux!».

Y nótese que el sonido silbante en que terminan estos versos expresa el salir y cortar, como sale el aliento cortado por los dientes.

Más sinestésico anduvo Pierre Richard hasta en el título de su

Tuba mirum spargens sonum,

que encabeza la descripción del Occidente, ardiendo en rojas llamas.

La silbante se encarga también aquí del trompeteo en las sílabas del golpe rítmico:

«Les Cuivres du couchant sonnent un long appel.
Et le métal en feu ruisselant sur le ciel
Couvre de ses clameurs les chansons éphémères
Du Rêve...
Ainsi que le buccin de l’Archange implacable
Évoquera les morts au dernier Jugement,
L’Angoisse, dans les cœurs, s’éveille, impitoyable
Aux sinistres fanfarres du soir coruscant...».

Las sensaciones auditivas despiertan en nuestra fantasía hasta formas geométricas. Bleuhler y Lehman han reconocido que los tonos elevados hacen fantasear á veces una serie de ángulos agudos; los graves, ángulos más obtusos, y hasta arcos de círculo. ¿Es un soñar despierto? Ni mucho menos. Los sonidos se encargan ellos mismos de demostrárnoslo pintando esos ángulos. Las llamas manométricas de Kœnig toman toda especie de figuras, según sean los sonidos que las originan. Las vocales más agudas en su nota característica y más abundantes en armónicos, la i por ejemplo, dan una llama más angulosa y aguda que las vocales graves como la u. «Un canto lento, desolado subía, el De profundis. Haces de voces rehilaban por las bóvedas, se fundían con los sonidos casi verdes de las armónicas, con los timbres punzantes de los cristales que estallaban. Apoyadas sobre el bramido continuo del órgano, recostadas en los bajos, tan huecos que parecían haberse bajado dentro de sí mismos como en un soterraño, brincaban saltando sobre el versículo.