Y tras una pausa, el órgano, acompañado de dos contrabajos, mugía arrastrando en su tornado las voces, los barítonos, los tenores y los bajos, y sin embargo, la vibrante voz de los sopranos agujereaba y pasaba al través de la tromba, como una flecha de cristal. Y al terminar el salmo, las voces infantiles se desgarraban en un gemido doliente de seda, en un quejido afilado, que temblaba sobre la palabra eis, la cual quedaba colgada del vacío... Estas voces claras y aceradas introducían en las nieblas del canto, claridades del alba...»[12].

Las líneas, las superficies, los espacios juegan en toda esta descripción, pero juegan en toda la expresión del lenguaje. Todo él se reduce á expresar las diversas relaciones espaciales[13].

He hecho hincapié en la audición coloreada de las consonantes, porque los psicólogos sólo han tocado la de las vocales, por ser de timbre más despejado, menos borroso al parecer. Sin embargo, las consonantes y los demás ruidos tienen tal vez un timbre más delicado y menos chillón, por ser cabalmente más ruidoso y esquinudo. Sólo que, como dice Remy de Gourmont, «la palabra tiene una forma determinada por las consonantes, un perfume, bien que difícil de percibir por lo grosero de nuestra fantasía». En una buena charanga ú orquesta, el estruendo de los instrumentos acompañadores, bombo y platillos, contrabajo, etc., no deben oscurecer la melodía, ni el acompañamiento sinfónico que suena entre ella y los ruidos bajos: debe ser como un zumbido que crece ó descrece, pero que forma como una atmósfera fónica que rodea y como fondo de un cuadro que da unidad y base al todo.

NOTAS:

[9] J. K. Huysmans, A Rebours, p. 63.

[10] Saint-Pol-Roux. Mercure de France, XLII, p. 90.

[11] Synopsies, p. 67.

[12] En Route. Stock, 1899, p. 5-15.

[13] Cejador.—Gérmenes del Lenguaje.