Amigo por amigo, mi pan y mi vino.—Como Ave de tuyo.

Arremangóse pereza, y echó fuego á la leña.

Arriba, caudal; y jugaba las hormas.

Arrópate, que sudas.—Al que de poco se cansa.

Achaques al jueves, para no ayunar el viernes.

Ande la recua, que ya está cargada.—Á los corcovados.

Antes de mil años, todos seremos calvos.—De lo muy lejano.

Asienta, escribano, que una blanca me debe fulano.—Es el testamento del gallego, entre cuyos capítulos era uno: «que dejo á mi hermano un olivar, que no tiene olivos ni dónde plantar»; otro: «una camisa, que no tiene faldas, pechera ni mangas».

Aciértalo tú, que yo lo diré.

¿Adónde pondremos este santo?—Del que se regala y se estima en mucho.