Al que te quiere mal, cómele el pan; y al que bien, también.—Es decir, que hay cosas que parecen mangas; vueltas del revés, mangas otra vez.

Á asno lerdo, modorro arriero; ó Á asno tocho, arriero tonto; ó Á asno tonto, arriero modorro.—El sentido es que á uno mal inclinado ó que necesita de corrección hásele de dar quien pueda enderezarle. Y con todo eso, en vez de darle un buen maestro ó guía que carezca de las malas mañas del discípulo, dice que le den otro que sea horma de su zapato y tan avieso como él. Además de estas tres variantes, se dijo poniendo recuero por arriero.

Á Aznaga por aceite, y á la Granja por naranja.—Es como pedir peras al olmo y cinco pies al gato, pues en tales lugares no se dan esos frutos.

Á ese paso, llevaos mi mula; ó Á ese precio vendimiado es lo mollar; ó Para eso no necesitábamos alforjas.—En vez de es demasiado caro lo que pedís, se le da encima la mula. Sin ironía dijo Jesucristo que al que le quiten la capa le den el sayo también.

Á esotra puerta, que ésta no se abre.—No es despedir á uno, como parece á primera vista. Dícese cuando no responde un sordo ú otros, y en vez de decir ¿qué queréis?, hablando uno por el desatento, dice: no oigo.

Á escudero pobre, carbón de cañuto.—El carbón de cañuto se gasta mucho y dura poco, y el escudero pobre había menester lo contrario, lo que dice el otro refrán: Á escudero pobre, taza de plata y cántaro de cobre, por que le dure.

¿Á cómo vale el quintal de hierro? Dadme una aguja.—Contra los que para comprar una nonada se informan y preguntan á cómo vale la arroba.

Aquí del ¡eche usted jierro! ¡quite usted jierro!

Á propósito, Dr. Jarro.—Al gorrón borracho, y puede servirle de comentario el siguiente sucedido, que no cuento, y fué en Tudela. Merendaban en el campo unas costillas, y vieron venir hacia ellos un conocido gorrón.—Cuidado con convidarle.—Llega, nota que no le invitan, y á propósito de haberle preguntado que qué le hizo á fulano el otro día cuando le faltó en la taberna, y respondiendo él que ¿qué le podía hacer? Paciencia—repone uno de los de la merienda:—Haberle roto las costillas.—Tómale la palabra el de gorra, y sentándose muy frescamente, dice: ¡Pa no hacer disprecio...!. Y dió en las costillas con tan fiero y hambriento diente, que hubieron de apretar los otros los suyos para que no les dejase en ayunas, y sus propias costillas por no descostillarse de risa.

Y á propósito también de equívocos, no es malo el siguiente refrán con su comento de un grave autor antiguo, de principios del siglo XVII. «Á teatino, ni el dedo menino». (Que no se les ha de dar entrada ni en muy mínima cosa, porque no se alcen con todo; ya es notorio á quiénes llaman teatinos en Castilla. Dícelo aquel jeroglífico «pues que nadie te atina, yo te atino, dinero mío»).