Si Chocano lo ha entreabierto, como yo creo, será poeta americano y su obra podrá intitularse Alma de América, ó como él dice poco castizamente Alma América; si es que esto ha querido dar á entender; que tomado alma como adjetivo no veo claro, y aunque lo entreveo, no viene muy al caso.
Precisamente yo quería alabarle por el elemento lírico, que se le desliza en su sereno objetivismo. Unamuno le ha dicho que es poco lírico, y es verdad; pero hay muchos lirismos. Chocano pretende sólo cantar objetivamente la naturaleza; pero, como poeta que es, se le rezuma el lirismo de su alma, que aparece medio latente ante las asombrosas escenas de la naturaleza.
Es, pongo por caso, un precioso paisaje sin alma viviente. ¡Bien! ¡muy bien! ¿y qué? Alabamos la ejecución, lo bien remedada que está la naturaleza, lo bien idealizada, si se quiere. Añada el pintor una pareja como de enamorados que se encuentran. El cuadro ha ganado infinitamente. Chocano pinta allá á lo lejos á él por un lado, á ella por otro, atisbos de lirismo; no llegan á encontrarse todavía, ni surgen los afectos del alma, pues no sabemos si son dos paseantes que se desconocen. Un paso más, y el alma aparecerá en el encuentro.
Si Chocano no se atreve á juntar la pareja, no faltará quien la junte. Ello es difícil, lo confieso, pintar un alma ó dos no es tan llano como pintar uno ó dos países; pero ya vendrá quien tenga más delgados pinceles. ¿Acaso en América no hay más que caobas y orquídeas, selvas y saltos, montes y mares, cóndores y boas?
Hay hombres y mujeres, almas vivientes y pasiones. La poesía entrará algún día por ahí, por las almas americanas, que todavía no conocemos. Ese día habrá nacido la poesía americana.
NOTAS:
[17] Véase en la página 93 de este mismo tomo.