He dicho que la poesía americana estaba aún en estado balbuciente: es poesía por la mayor parte extranjeriza. Los jóvenes poetas han echado en el crisol todo linaje de metales y doctrinas estéticas, traídas de fuera. Preciosista fué Gutiérrez Nájera, Casal y Silva fueron modernistas á medias, Lugones es simbolista decidido, Nervo neomístico á la francesa, Valencia parnasiano, Flores trovador popular á medias, y pudiera ser el poeta americano si no fuera tan despreocupado de la cultura como del modernismo, Díaz es un huguiano trasnochado, Rubén Darío un modernista á la francesa, con ribetes de todas las escuelas vivas y ya fenecidas de Europa.
Chocano es el más americano de los poetas. Yo desearía que fuera la musa americana por excelencia; pero he repetido que la poesía en América comienza á balbucir, y Chocano, el representante más genuino de esa poesía, balbuce y nada más.
No lo lleve á mal mi inteligente y buen amigo. Yo tengo un concepto algo más amplio y hondo de la poesía, y sin saberlo acaso, también lo tiene el mismo Chocano; y si no, él me lo dirá en llegando á las inmediatas. Yo tengo por lo mismo mis esperanzas de que esa poesía americana, que en sus labios balbuce tan solamente hoy, llegará con el tiempo á hablar claro y en su propio idioma poético americano. Á no ser así, habría que aceptar un hecho que contradice á toda la historia, y es que no hay pueblo medianamente culto, y aun estoy por añadir salvaje, que no tenga su poesía propia y nacional, más ó menos desarrollada y con ingenios de más ó menos subidos quilates.
Qué poesía haya de ser la americana, qué natural característico haya de ser el suyo, cuando sepa expresarse de por sí como nacida en América y no traída de acarreo de otras partes: ese es el punto capital del problema, y acerca de él podríamos discurrir mano á mano Chocano y yo, si yo fuera tan artista y filósofo que tuviera algunos fundamentos para poder adivinar lo por venir.
Chocano cree resueltamente que la poesía propiamente americana ha de ser objetiva, y por eso él se tiene por Poeta de América. Bien pudiera ser que tuviera razón; pero también cabe que no la tenga enteramente. Lo que me pone algún tropiezo para seguirle sin temor en su manera de opinar, es ver que la humanidad ha ya siglos que pasó de la infancia, cuando embobada con las objetivas hazañas de los hombres los convertía en héroes, y antes más embebecida con los fenómenos naturales los había personificado al admirarlos y cantarlos. ¿Cómo una civilización tan adelantada como la americana va á volver á aquel primitivo embobamiento de lo humano objetivo ó de lo puramente físico é inanimado también objetivo? Con aquel pasmo y admiración faltábales á los hombres antiguos tiempo y reflexión para mirarse á sí mismos, para entrañarse en su propia alma y quedar más embebecidos aún ante el espectáculo, que en ella se les ofrece á los modernos, del mundo psicológico. Los antiguos, como niños, lo objetivaban todo y llevaban á lo exterior su antropomorfismo; los modernos, por el contrario, reducen todo el mundo visible á la propia personalidad, y en lo exterior no ven más que un reflejo que les permite estudiar y contemplar mejor su interior.
Me podrá argüir el Sr. Chocano que las Repúblicas americanas son niñas, y que ya que no tengan héroes, salvo los antiguos españoles, que no los admiran, ó los antiguos indígenas, que no son de su raza, tienen ante sí un mundo nuevo lleno de maravillas, con el cual juguetean mientras están en la cuna y se mueven con andadores.
Esa poesía de la naturaleza pudiera ser la poesía objetiva para los americanos. No sé si ellos se contentarán con esos muñecos, ni si en hecho de verdad podrán pasar por niños, por recientes que sean sus nacionalidades. Más bien se me antojan á mí niños bastante amocetados, zagalones con pretensiones de gente madura. Además los pueblos primitivos que poetizaban la naturaleza creían firmemente que toda ella estaba animada, veían tras cada árbol una dríada, entre las ondas de cada riachuelo una náyade, en el fondo de las minas y en los volcanes creían oir resoplar á Vulcano, en el fondo de los mares encresparse y amolinarse á Neptuno, á Venus la admiraban entre las espumas del mar, á Apolo lo veían atisbar desde el sol, á Diana desde la luna, al padre Eolo lo fantaseaban soltando los vientos desde su caverna ó encarcelándolos y refrenando sus furores.
Nada de eso creen los americanos, por manera que esa poesía objetiva quedaría reducida á describir, ó digamos al arte ornamental, á cincelar el marco, dentro del cual el hombre moderno quiere ver alguna porción de su alma, y aun se deja de marcos y molduras y á su alma se atiene.
En Chocano el marco es, conforme á cierta moda, por extremo desmesuradamente grande; pero también encuadra algo de más humano y subjetivo. Por eso interesan sus composiciones, y se saborean; que á ser todo marco, no despertaran el poco interés que despiertan otros adocenados poetas americanos.
Ahora entenderá el Sr. Chocano por qué yo pido y espero más de la musa de su tierra y por qué no creo que esté del todo en lo cierto al suponer que la poesía americana haya de ser objetiva, en fin por qué he repetido que esa poesía comienza á balbucir, sin hablar claro todavía. Los descubrimientos geográficos, los estudios físicos ó naturales, han traído la moda de dilatarse en esas enfadosísimas descripciones, hojarasca que ahoga toda la literatura moderna. Se siente, dicen, hoy mucho mejor la naturaleza que en otros tiempos. Mejor, digo yo, la siente el salvaje y la sentían nuestros antepasados, cuando dieron cuerpo á la mitología, que es el más elevado pensamiento del mundo, mirado al través de la poesía objetiva, que ha podido imaginarse. No creo sintiesen menos la naturaleza Platón, que enseñaba al aire libre, y Cervantes, que al aire libre pinta á su principal héroe; sólo que el alma humana les atraía más, y del arte ornamental no querían formar el principal asunto de sus obras. Ni creo que se contentarán con él los americanos. También ellos tienen su alma en su armario, y vendrán poetas, ¿quién lo duda? que sepan abrir el armario y ponernos de manifiesto el alma americana.