Confieso que este reteñir y tornar á reteñir el mismo retín y retintín es un dejo simbolista muy bien expresado, que da sonido de cobre á toda la composición. La misma largura de los versos, sus cortes, su mezcla con otros breves, remedan maravillosamente la tendida y dilatada voz del clarín.

Hay pocas poesías en la literatura francesa, dice Max Nordau, comparables á la Canción de otoño de Verlaine. La calma melancólica de la estación está expresada en versos ricamente cadenciosos y llenos de música.

Otra composición pudo tener también Chocano en sus oídos, tal vez sin darse cuenta de ello, y tal vez más simbolista y expresiva, la de Ennuie de Maeterlinck[17].

En lugar del aburrimiento, del fastidio, Chocano quiere despertar una cierta melancolía al recordar por la voz de los clarines que:

«Ya pasaron las historias que eran cuentos de heroísmo,
las audacias que eran timbres, los ensueños que eran lauros,
los arranques imperiosos de la raza primitiva:
ya pasaron... ya pasaron... ya pasaron...
y lo lloran los clarines
con acentos desgarrados».

Siempre la armonía imitativa la tuvieron muy en cuenta los poetas... que pasaron; y de las extravagancias de los simbolistas ha quedado la confirmación doctrinaria y científica de este elemento musical de la expresión poética. Ha hecho muy bien Chocano en aprovecharse de él, si es que lo ha hecho á sabiendas; y si no, lo mismo da, son rastros de esa escuela que también pasó, los cuales quedaron en los oídos de todo artista, porque tienen una razón de ser estética innegable.

Fuera de esto, Chocano es declamador. Sus versos declamados, ó escritos sin división de líneas como la prosa, forman períodos prosaicos, sin dejar de ser por eso extremada poesía en la expresión metafórica del pensamiento, en el ritmo, aunque libre y suelto, no tanto como el de la prosa, en la ilación lírica y á saltos de las ideas, siguiendo al sentimiento más que al pensamiento frío y razonador.

El ideal y la estética de Chocano pueden resumirse en estos puntos. Cree que una cosa es la métrica y otra la poesía. Sólo quiere hacer poesía americana, en todas sus formas, antiguas y modernistas. Piensa que América puede y debe tener una poesía propia, con raíces españolas é indígenas. Finalmente, su poesía ha de ser objetiva, y en tal sentido, sólo quiere ser Poeta de América. Todos estos principios ó los pone el mismo autor en su libro ó me los ha confesado á mí en particular. Pueden servirles de comentario estas palabras que le ha dicho Rubén Darío: «Su musa es la representativa de nuestra cultura, de nuestros anhelos, de nuestra alma hispano-americana actual. Lugones, Nervo, yo mismo, parecemos extranjeros. Y ante todo hay que ser de su tierra». «Darío hace justicia á mis intenciones», me ha dicho el mismo autor. «Otros levantarán, añade modestamente, el palacio; pero yo he osado poner la primera piedra».

Graves problemas surgen aquí, no ya tan sólo sobre Chocano, si ha acertado ó no en la ejecución de este su programa, sino además sobre la poesía en general americana.

Cuanto á lo primero, bien claro se ve que Chocano ha tratado, no digo de poner en ejecución lo que se propuso, antes creo que llevado de su inclinación hizo poesía americana y objetiva en metros antiguos y modernistas, con raíces españolas é indígenas, y que luego dedujo de su poesía sus principios. Cábele la gloria de haberse inspirado en las raíces de la civilización de su país, que son el pasado español y el pasado indígena, y por consiguiente de haber hecho poesía americana; sin por eso echar en saco roto lo bueno francés transplantable á América, como hemos visto de los metros y del simbolismo. Y en esto Darío y los demás, realmente, no pueden ser más que un eco lejano de América, puesto que se inspiran en el extranjero.