285. Año 1407. Sin duda la literatura caballeresca comenzó á dar sus frutos en el siglo xiv, despertando en los españoles el espíritu aventurero, que les hizo rodear y rodar por el mundo entero en el siglo xvi. De aquí nació la literatura de viajes, aventuras y maravillas, en la cual sobresalen en el siglo xv Clavijo, Díaz de Gómez y Pero Tafur, grandes pintores de tierras, costumbres y hechos extraños, pero de un juicio tan sano y de un realismo tan español, como extravagantes, ultraideales y falsas eran las novelas caballerescas. Es muy de notar cómo supieron sacar el jugo artístico que contenían á vueltas de sus disparates, sobreponiéndose juiciosamente el realismo español á tan fantásticos sueños.

Ruy González de Clavijo († 1412), escribió la Historia del gran Tamorlan, e Itinerario y enarración del viaje y relación de la embaxada, libro curioso, escrito en suelto y ameno estilo.

(Del Arte Cisoria, edición Felipe Benicio Navarro).

286. Había enviado Tamerlán á Enrique III dos doncellas, celebrada una de ellas en el Cancionero de Baena (núm. 240) por un poeta anónimo, que, según Argote de Molina, debió de ser Álvarez de Villasandino. Devolvióle el Rey de Castilla la embajada, compuesta de González de Clavijo, Fray Alfonso Páez de Santa María y Gómez de Salazar, los cuales salieron del puerto de Santa María el 22 de marzo de 1403, y, muerto Salazar en el camino, año de 1404, llegaron los demás á Samarcanda el 8 de septiembre del mismo año, y fueron presentados á Tamerlán, el cual, de edad de setenta años, "tan viejo era, que los párpados de los ojos tenía todos caídos", habiendo muerto en febrero del año siguiente, 1405. Antes de esta fecha, en noviembre del 1404, habían salido los embajadores, llegando á Sanlúcar el 1.º de marzo de 1406. Clavijo fué camarero de Enrique III. Mariana dice del Itinerario, "que relatan por menudo los particulares de su embajada y muchas otras cosas asaz maravillosas, si verdaderas". Probablemente el autor dió demasiado criterio á cosas que oyó, pero en lo demás fué verídico.

Ruy González de Clavijo, Vida y hazañas del gran Tamorlan, en Crónicas españolas, Madrid, 1782, t. III; Itinéraire de l'ambassade espagnole à Samarcand en 1403-1406 (texto, trad. rusa y notas), ed. I. Sreznevski, Academia Scientiarum Imperialis (1881), San Petersburgo, t. XXVIII.

287. En 1409 Fray Jofre Gilabert fundó en Valencia el más antiguo hospital de locos del mundo; Alfonso V de Aragón, en 1425, el de Zaragoza; Marcos Sánchez de Contreras, en 1436, el de Sevilla; el protonotario Francisco Ortiz, en 1483, el de Toledo. El primer lazareto fué el de Mallorca, en 1471; los estudios anatómicos se abren en Zaragoza el 1488.

En 1410 Fernando Esteban compuso Reglas de canto plano é de contrapunto é de canto de órgano (Gallardo).

288. Año 1415. Don Enrique de Villena (1384-1434), nieto de Enrique II, amigo de toda erudición misteriosa y desusada, retraído entre sus libros como verdadero apasionado del saber, y por el consiguiente poco ducho en las arterías y embustes de la vida mundana, pasó por un ente extravagante y medio nigromántico en vida y después de muerto por un Fausto español, cuya curiosidad científica le entrega al diablo y á las artes mágicas, llegando á ser en la tradición popular un símbolo más legendario que histórico. Fué un sabio desgraciado como todos los sabios, y más si, como él, pretenden luchar con los mundanos y cortesanos que, no siéndolo, tienen por suyo todo el tiempo, que el sabio gasta en su rincón, y se presentan avezados á las intrigas que el sabio no acaba de entender ni menos acierta á manejar cuando se lo propone. Empobrecido y desdeñado de la turbamulta de cortesanos, de no tan ilustre sangre como él y ayunos de sabiduría, desposeído de sus cargos, acabó en el retiro de Iniesta ó de Torralba, sin otro solaz que los libros y la buena mesa, á que fué aficionado como buen epicúreo. Era descendiente, por parte de padre, de la casa real de Aragón, y por la de madre, de la de Castilla; pudo ser poderoso y rico y no llegó á ser Marqués de Villena ni Condestable de Castilla como su abuelo, ni siquiera á disfrutar del condado de Cangas de Tineo, con habérselo otorgado Enrique III. Casó muy mozo con María de Castilla, amante que fué después del mismo rey Enrique III, por lo que le nombró Maestre de Calatrava, llegando para ello hasta á divorciarse, declarando su propia impotencia; pero el Maestrazgo fué mariposa que por más vueltas que dió casi puede decirse que no la llegó á atrapar. En 1414, marquesado, condado y maestrazgo se le habían huído como el humo. Bien lo pintó Fernán Pérez de Guzmán por aquellas palabras: "Este caballero, aunque fué tan grand letrado, supo muy poco en lo que le complía". Murió Enrique III en 1407, y halló desde entonces protector el de Villena en el que había de ser Fernando I de Aragón, pero también se le murió el protector en 1416, sin haber reinado más de cuatro años. Tan sólo la gloria literaria oreó sus sienes, y esto en una sola ocasión y, por cierto, fué bien poca cosa: cuando en 1412, llegado al reino de Aragón en la comitiva del Infante de Antequera, pudo ser presidente de Juegos florales y organizador de justas y mascaradas poéticas en Zaragoza y Barcelona. ¡Y cómo se lo saborea él mismo en el Arte de trovar, contándonos las ceremonias de aquella fiesta de la Gaya Ciencia, remedo pedantesco del ya pedantesco y degenerado Consistorio de Tolosa! Entonces parece que compuso en Zaragoza una farsa alegoría en que dialogaban la Justicia, la Verdad, la Paz y la Misericordia. Murió el Rey, enmudecieron músicos y juglares y el de Villena se retiró á su pobre señorío de Iniesta ó de Torralba, donde escribió la mayor parte de sus obras, hasta que la gota le acabó á los cincuenta años de edad, hallándose casualmente en Madrid.

Hasta en muerte le persiguió el mal hado, pues por orden de don Juan II hizo el Obispo de Segovia, fray Lope Barrientos, un espurgo en sus obras, echando á las llamas las que le pareció. Escribió el Libro de los Trabajos de Hércules, en catalán, el año 1417, traducido al castellano el mismo año é impreso en 1482, novela alegórico-mitológica, de sabor añejo y fondo didáctico, sentencioso, vestido novelescamente como en los libros de Raimundo Lulio y don Juan Manuel, aunque con atisbos dantescos y aun petrarquescos; el estilo más suelto que en las obras posteriores, por menos latino. De 1422 á 1423 compuso un tratado de la consolación, retórico, pedantesco y archilatinizado, sobre todo por el hipérbaton y la manía de posponer el verbo; otro acerca de la lepra, un comentario sobre unos versículos del salmo VIII; las tres obras están sin imprimir. En 1423 compuso el Tratado del arte del cortar del cuchillo, ó como suele llamarse Arte cisoria, curiosísimo documento de los yantares reales de aquel tiempo, el primer libro de cocina que tenemos, anterior más de medio siglo al famoso Libro de guisados, de Ruperto de Nola, y brava mina de voces para el lexicógrafo. Los latinismos son menos y bien se ve que al escribir de tan sabroso menester se chupaba los dedos de gusto. El Libro del Aojamiento ó Fascinología tiene recetas curiosas. Perdiéronse la traducción del tratado de Cornificio Retórica á Herenio, y algunas de sus oraciones y cartas; pero se conservan dos versiones en prosa, la de Virgilio y la del Dante. La de la Eneida es la más antigua que se hizo en ninguna lengua vulgar, hecha de prisa, pues la comenzó el 28 de septiembre de 1427 y la acabó un año y doce días después, en 10 de octubre de 1428, como dice él mismo. El estilo es estupendamente descoyuntado y traspuesto por querer remedar la pompa sonora del original y más por las glosas y paréntesis que añade al texto, de las cuales él estaba enamorado. Dirigióla á Santillana, así como la traducción de la Divina Comedia, y el Arte de trovar, escrito hacia el 1415 y 1417 y retocado hacia el 1430, cuya doctrina se funda en la del Consistorio de Tolosa, esto es, sobre la Gaya Ciencia. Hay, con todo, quien duda le pertenezca esta última obra. No quedan versos suyos.