289. Marqués de Villena se le ha llamado; pero habiendo andado toda su vida en pleitos por el dichoso Marquesado, nunca lo gozó. Debiera llamarse don Enrique de Aragón; mas tampoco se le nombra así, por no confundirlo con su contemporáneo el infante don Enrique de Aragón. M. Pelayo, hablando de la farsa hecha en Zaragoza para solemnizar la coronación de don Fernando el Honesto, dice (Antolog., t. V, pág. xxxi): "En el texto de la Crónica de Álvar García de Santa María, copiado por Ustarroz en sus adiciones á las Coronaciones, de Blancas, no se dice que fuese don Enrique el autor de esta representación, como se viene repitiendo por todos sobre la fe de don Blas Nasarre, que quizá encontraría la noticia en alguna otra copia de la misma Crónica. Lo que allí se da á entender es que la representación estaba en catalán y que el mismo cronista Álvar García la tornó en palabras castellanas".
L. Barrientos, Tratado de las especies de adivinanza: "Este libro (del Ángel Raziel) es aquel que después de la muerte de don Enrique de Villena, tú, como rey christianísimo, mandaste á mí, tu siervo et fechura, que lo quemasse á vuelta de otros muchos, lo cual yo puse en ejecución en presencia de algunos tus servidores... é puesto que aquesto fué et es de loar, pero por otro respecto en alguna manera es bueno de guardar los dichos libros, tanto que estuviessen en guarda é poder de buenas personas fiables, tales que no usassen dellos, salvo que los guardassen al fin que en algund tiempo podrían aprovechar á los sabios". No hay, pues, que dar crédito al Centón epistolar, obra apócrifa, como es sabido, del siglo xvii. En la Crónica de don Juan II se dice: "Fray Lope miró los libros é fizo quemar algunos é los otros quedaron en su poder". En el mismo Barrientos y parte en M. Pelayo (Antol., t. V, pág. xxxiii), puede verse el contenido del libro del Ángel Raziel. De pura ciencia es el libro de Astrologia, que debe estar tomado de la doctrina de don Enrique y se guarda en la Biblioteca Nacional; pero un tan curioso sabio, amigo de todo lo desconocido, no podía menos de mezclar con la ciencia algunas supersticiones, y más en aquel tiempo, y así lo afirma F. Pérez de Guzmán y lo comprueba el Tractado del aojamiento ó fascinología. La leyenda sobre don Enrique comenzó en vida; poco después la desarrollaron los alquimistas, que le colgaron no pocos libros apócrifos para darles autoridad, como el del Tesoro ó del Candado, que también se atribuyó falsamente á Alfonso XI. Además la Carta, que dicen fué escrita por los veinte sabios cordobeses á don Enrique de Villena, publicada por José Ramón de Luanco en La Alquimia en España, es otra patraña de los mismos embaucadores. En ella se le atribuyen facultades tamañas como la de embermejecer el sol con la piedra heliotropia; la de adivinar lo por venir por medio de la chelonites; la de hacerse invisible con la hierba andrómena; hacer tronar y llover con el baxillo de arambre y congelar el aire en bola con la hierba yelopia. En la respuesta cuenta don Enrique á sus discípulos que se le aparece Hermes Trismegisto, caballero en un pavón, para entregarle una pluma, una tabla con figuras geométricas, la llave de su encantado palacio y la arqueta de las cuatro llaves, donde se encerraba el gran misterio de la alquimia. Con esto se creyó que había hecho pacto con el diablo, y en el siglo xvi hasta escritores graves lo creyeron, y en el xvii corría la conseja de haber perdido su sombra, con lo cual engañó al demonio, y la de haber aprendido y enseñado las ciencias ocultas en la famosa cueva de San Ciprián de Salamanca, que dió asunto á La Cueva de Salamanca, de Cervantes y de Alarcón; Lo que quería ver el Marqués de Villena, de Rojas; La Visita de los chistes, de Quevedo; La Redoma encantada, de Hartzenbusch, y La hierba de fuego, de Bremón.
Los trabajos de Hércules los acabó en Valencia, escritos en catalán, "á preces é instancia del virtuoso caballero Mosen Pero Pardo", y la versión castellana la hizo "en la su villa de Torralva... á suplicación de Johan Ferrández de Valera, el mozo, su criado... alongando en algunos pasos et en otros acortando, segunt lo requería la obra... por el trocamiento de las lenguas". Quería fuese el libro un "espejo actual á los gloriosos caballeros en armada caballería... e non menos á la caballería moral dará lumbre é presentará buenas costumbres, por sus señales, desfaciendo la texedura de los vicios é dominando la ferocidat de los monstruosos actos, en tanto que la materia presente más es sátira que trágica". "Será este tractado en doze capítulos partido, é puesto en cada uno dellos un trabajo de los del dicho Ercoles, por la manera que los ystoriales é poetas los han puesto; é después la exposición alegórica é luego la verdat de aquella ystoria, según realmente contesció, é dende seguirse ha la aplicación moral á los estados del mundo, é por enxemplo al uno de aquellos trabajos".
Eneida, glosa: "Fasiendose leer la Comedia de Dante, reparó en que alababa mucho á Virgilio, confesando que de la Eneyda avia tomado la doctrina para ella, é fiso buscar la dicha Eneyda, si la fallaria en romance, porque él non era bien instruido en la lengua latina... é fué movido el dicho rey de Navarra (don Juan II) á enviar desir por su carta afincadamente á don Enrique, que trasladase la Eneyda". Tradujo á libro abierto, y maravilla no hierva en mayores yerros. Baena, Santillana y Mena dicen que don Enrique hizo versos; los que se le atribuyen, y Pellicer de Salas y Tovar incluyó en su Biblioteca, no son auténticos, acaso del mismo Pellicer.
El Arte de la Gaya Sciencia, de Villena, trajo á Castilla la doctrina provenzal, que "se remonta al siglo xiii con la Dreita maniera de trobar, de Ramón Vidal de Besalú; adquiere, á mediados del xiv, proporciones de farragosa enciclopedia en los Leys d'amors, de Guillermo Molinier, y pedantesca sanción en el malhadado Consistorio de Tolosa; recibe aplicación á la lengua catalana en los diccionarios rítmicos de Jaime March y Luis de Aversó, que en tiempo de don Juan I trasplantan á Barcelona aquella institución, ya entonces anacrónica y funesta á los progresos de la legitima poesía". (M. Pelayo).
Los Trabajos de Hércules se copiaron bastante y se imprimieron en Zamora, 1483, por primera vez; reproducción fotolitográfica por José Sancho Rayón. Del Arte cisoria, como se tituló en la impresión de 1766 hay dos códices: uno falto de una hoja, en la Biblioteca de El Escorial, y otro completo y no menos antiguo en la de M. Pelayo. El de El Escorial sirvió para sus dos impresiones: la de 1766, publicada por la Real Biblioteca de San Lorenzo, y la muy esmerada é ilustrada preciosamente por Felipe Benicio Navarro, Barcelona, 1879. La Fascinología se publicó en Revista Contemporánea, 1876, t. IV, págs. 405-422. La traducción de la Eneida nos ha llegado entera; pero partida en tres diferentes códices, de Madrid, Sevilla y París. Perdióse el códice del Arte de Trovar, y así sólo tenemos los trozos que imprimió Mayáns en sus Orígenes de la lengua española, y M. Pelayo en la Antología de poet. lír. cast., t. V, págs. 3-17. Villena tradujo para Santillana en prosa la Divina Comedia, entre 1427 y 1428; era del Duque de Osuna y está entera en la Bibl. Nac. (I-i-110); hállase al margen del texto italiano (escrito en Florencia en 1354). Véase Hom. Μ. Pelayo, I, página 269. Santillana ha puesto señales y notas conforme leía y se le ocurrían. Consúltense: E. Cotarelo y Mori, Don Enrique de Villena, Madrid, 1896; M. Schiff, La première traduction espagnole de la Divine Comédie, en el Homenaje á Μ. Pelayo, Madrid, 1899, t. I, págs. 269-307; E. Dorer, Heinrich von Villena, ein Spanischer Dichter und Zauberer, en el Archiv für das Studium der neueren Sprachen und Literatur, 1887, t. XXVII, págs. 129-144.
290. Año 1416. Maestre Juan el Viejo de Toledo, converso del judaísmo, escribió contra sus antiguos correligionarios la Declaración del Salmo LXXII, y el año de 1416, el Memorial de los misterios de Christo.
En 1419 Juan de Aviñón escribió Sevillana Medicina, uno de los más antiguos tratados de topografía médica; imprimiólo Monardes en Sevilla, 1545.
El Maestro Alonso Chirino ó de Guadalajara, natural de Cuenca, físico del rey don Juan II y su alcalde y examinador de los físicos, escribió el tratado llamado Menor daño de medicina, que se imprimió en Sevilla, 1506; Toledo, 1513; Sevilla, 1519, 1538, 1547, juntamente con su Testamento, escrito en Medinaceli el año 1429. Fray Sancho Puerta († 1429), dominico zaragozano, Maestro del Sacro Palacio en tiempo de Benedicto XIII, publicó Mariale. Sermones. Sanctorale. Maestro Diego de Cobo, Cirugía Rimada. Vasco de Taranta, Tractatus Epidemialis, pasa por el primer libro de medicina impreso en España.
291. Año 1420. Á la época del de Villena pertenecen dos obras de la antigua escuela didáctica y moral. El libro de los gatos, 69 cuentos, versión hecha por un autor desconocido, de las Fabulae ó Narrationes del fraile inglés Odo de Cheriton († 1247), entre los años 1400 y 1420, en estilo claro y corriente, aunque algún tanto prolijo. La Suma ó El Libro de Exemplos por a. b. c. fué compilado por el doctor Clemente Sánchez de Vercial (1370?-1426?), arcediano de Valderas en León, y tiene 395 ejemplos, más 72 hallados en 1878 por Morel-Fatio. Escribióse entre 1400 y 1421. También compuso el mismo autor un Sacramental en romance, comenzado en 1421 y acabado en 1425; se imprimió en Logroño, 1504; Toledo, 1527. Además, Breve copilación de las cosas necessarias á los sacerdotes, Sevilla, 1477 y 1478.