300. Á principios del siglo xv floreció Jayme Calicio ó Callis, que compuso Commentaria in Usaticos Barcinonenses. Tractatus de praerogativa militari. Tractatus de moneta. Heres solidus. De iurisdictionibus. Extravagantorium Curiarum. Processus soni emissi (somatén). Directorium pacis et treguae. Allegationes super facto luitionis inchoate contra Ecclesiam. Margarita Fisci. Viridarium Militiae. Muchas de estas obras se hallan en la edición de 1556.
Don Íñigo López de Mendoza, primer Marqués de Santillana.
(De un retablo del Hospital de Buitrago).
301. Año 1429. Personificación de la cultura y erudición durante el reinado de don Juan II es don Íñigo López de Mendoza (1398-1458), primer Marqués de Santillana que fué después. Nació en Carrión de los Condes, aunque su prosapia paterna era la de los Mendozas de Álava y su madre fué aquella fiera y arrogante rica hembra montañesa, que se llamó doña Leonor de la Vega, á quien debió el conservar su patrimonio contra usurpadores y litigantes y ensancharlo por fuerza de armas, no menos que la educación, por haberle faltado el padre á la edad de siete años, que lo fué don Diego Hurtado de Mendoza, señor de Hita, Buitrago, Guadalajara y el Real de Manzanares, prepotente y acaudalado Almirante de Castilla. Concertóle su madre el matrimonio con doña Catalina de Figueroa, hija del Maestre de Santiago don Lorenzo Suárez. En 1414 se le ve siguiendo á la corte en el viaje del Infante de Antequera á Aragón. Fué de los que, conjurados con el infante don Enrique, Maestre de Santiago, desacataron la majestad real en Tordesillas y Ávila en 1420, obligando á Juan II á velarse con doña María y á convocar Cortes; fué también de los que le cercaron en el castillo de Montalbán, después de lo cual se retrajo á Guadalajara y hubo de transigir en el pleito con la Condesa de Trastamara. Mudando mañosamente de política, hallábase en 1429 en la hueste de don Juan II y del Condestable contra el Rey de Navarra y el Infante don Enrique, defendiendo la frontera por Agreda, y aunque destrozado por el mayor número en los campos de Araviana, fuéle, por su valor, como una victoria, valiéndole la merced de 500 vasallos en tierra de Guadalajara, y después, cuando en 1434 dió don Juan sentencia de confiscación de todos los bienes y estados que en Castilla poseían los Infantes de Aragón, tocóle el señorío de los pueblos de Fuente el Viejo, Armunia, Pioz, Meco, Retuerta y otros, hasta doce. Por entonces, y en aquella campaña, compuso dos de sus primeras serranillas, como en ellas se dice. Luego fué á la montaña, donde compuso otra de ellas; al año siguiente partió para la expedición contra los moros de Granada; pero aunque su mesnada asistió á la batalla de la Higuera, hubo de quedarse él enfermo en Córdoba. Retrájose después á Hita en la disensión que siguió á la victoria, hasta ver libres sus encarcelados parientes. Muerta su madre en 1432 y tras nuevos pleitos con su media hermana doña Aldonza, muerta ésta, logró verse señor del Real de Manzanares en 1442. En 1436 casó á su primogénito con doña Brianda de Luna, sobrina del Condestable, siendo padrino don Juan II, y tres años antes á una su hija con el primogénito de la familia de la Cerda. Rotas las treguas con los moros en 1436, tuvo á su cargo la defensa de la frontera como Capitán mayor del reino de Jaén y ganó victorias, villas y fortalezas, asistido de sus hijos Íñigo López y Pero Laso, hasta obligar á los moros á pedir treguas, que en 1438 les fueron concedidas á condición de entregar 550 cautivos cristianos y pagar en parias 24.000 doblas de oro. De aquel tiempo es la serranilla quinta. En 1441 dió don Juan ii la sentencia de Tordesillas desterrando á don Álvaro de Luna, siendo don Íñigo el que había de velar cerca del Rey por el cumplimiento de su palabra, y al volver á llamar al Condestable hubo de recogerse don Íñigo á su castillo de Buitrago. Concurrió por el Rey á la batalla de Olmedo, en 1445, siendo galardonado por él con el título de Marqués de Santillana y Conde del Real de Manzanares. Partidario de doña Isabel de Portugal contra el Condestable, enconóse más y más la enemiga cuando vió que encarcelaba á su primo y mejor amigo el Conde de Alba, y entonces compuso el diálogo filosófico de Bias contra Fortuna, acaso la mejor de sus poesías. Ayudó á la caída de don Álvaro, y, ahorcado éste en Valladolid, puso en sus labios la confesión de sus pecados, acerba ironía y sátira política de las más crueles, el Doctrinal de privados. En 1454 murió don Juan II, á fines del año siguiente la mujer del Marqués, doña Catalina de Figueroa, y pocos meses antes su hijo don Pedro Laso de la Vega; luego, en 1456, su poeta predilecto Juan de Mena, á quien la tradición dice que hizo la sepultura en Torrelaguna, aunque ya en el siglo xvi nada se sabía de su enterramiento. Asistió á las Cortes de Cuéllar, de don Enrique IV, y á la tala de la Vega de Granada, después de lo cual fué en romería á Guadalupe, cantando las loores de la Virgen y se retrajo á Guadalajara, "aparejándose para bien morir", y tras grandes y pías donaciones falleció allí mismo en 1458, siendo enterrado en el monasterio de San Francisco, de aquella ciudad, cerca de la sepultura de su padre y de su mujer, como él mismo lo había dejado ordenado.
302. Apenas cerró los ojos su padre, por presto que su madre le hizo reconocer en el señorío de Hita y Buitrago, se apoderó de Guadalajara un hermano del Almirante, el señor de Rello, entabló litigio sobre doña Aldonza de Mendoza, hija del primer matrimonio de don Diego, y encendieron guerra civil en los valles de la montaña los Manriques, señores de Castañeda, aspirando á la posesión de Liébana, Pernia y Campóo de Suso; y su partidario Garci González Orejón invadió el solar de la Vega y atropelló á los habitantes de Potes, aunque fueron rechazados por los de doña Leonor, acaudillados por Pero Gutiérrez de la Lama. La misma señora logró que el Real de Manzanares quedase en secuestro hasta que el Obispo de Sigüenza, nombrado árbitro, decidiese. Aunque el señor de Rello conservó las casas mayores de Guadalajara, reconoció el derecho de su sobrino, obligándose á pagarle dos mil maravedís anuales á manera de alquiler. Por sentencia de los oidores Juan González de Acevedo y Juan Alfonso de Toro fué reconocida doña Leonor, en 1407, por señora de los valles de Carriedo, Villaescusa, Cayón, Camargo, Cabezón y el Alfoz de Laredo; en 1409 se le devolvió la casa y torre de la Vega y por fuerza de armas fueron echados de Liébana los usurpadores. Firmáronse las capitulaciones matrimoniales en Ocaña el 17 de agosto de 1408, aportando la novia 15.000 florines de oro del cuño de Aragón. Por la corta edad de los cónyuges los desposorios no se hicieron hasta 1412, en Valladolid, cuando ya el Maestre de Santiago había fallecido. Hernando del Pulgar erró algo en estos hechos, pues para cuando doña Leonor murió, en 1432, ya había recobrado los estados, de modo que no fué don Íñigo el que los recobró huérfano, sino su madre. Por sentencia de 22 de julio de 1423, el Real de Manzanares fué dividido entre doña Aldonza y don Íñigo, aunque á poco protestó éste contra tal decisión. Sobre la última enfermedad y muerte del Marqués, compuso su capellán, Pedro Díaz de Toledo, un Diálogo, publicado por Paz y Meliá en Opúsculos literarios de los siglos xiv á xvi (Socied. Biblióf. Españoles). Fué querido el Marqués en vida y respetado y glorificado después de su muerte. En vida le había ya honrado Juan de Mena, en su Coronación; después, Diego de Burgos, en el Triunfo del Marqués (Cancionero general de 1511), y Gómez Manrique, en sus Coplas á la muerte del Marqués de Santillana. De aquí que como personaje simbólico, tras el doctor Pedro Díaz de Toledo, que puso en sus labios altas moralidades sobre la inmortalidad, Juan de Lucena le hiciese disertar sobre el sumo bien y la Vita beata. Sus Proverbios fueron glosados por el doctor Pedro Díaz de Toledo, por Luis de Aranda (Granada, 1575: Avisos sentenciosos sobre el modo de conducirse en el trato civil de la gente; 1781, en el t. V del Caxon de Sastre, de Nipho).
Su retrato físico y moral fué trazado por Hernando del Pulgar en sus Claros varones de Castilla. Fué "hombre de mediana estatura, bien proporcionado en la compostura de sus miembros, é fermoso en las faciones de su rostro... Era hombre agudo é discreto é de tan gran corazón, que ni las grandes cosas le alteraban, ni en las pequeñas le placía entender. En la continencia de su persona é en el razonar de su fabla mostraba ser hombre generoso é magnánimo. Fablaba muy bien é nunca le oían decir palabra que non fuese de notar, quier para doctrina, quier para placer. Era cortés, é honrador de todos los que á él venían, especialmente de los hombres de sciencia... Fué muy templado en su comer é beber, y en esto tenía una singular continencia... Era caballero esforzado, é ante de la facienda, cuerdo é templado; é puesto en ella, ardit é osado, é ni su osadía era sin tiento, ni en su cordura se mostró jamás punto de cobardía... Gobernaba asimismo con grand prudencia las gentes de armas de su capitanía, é sabía ser con ellos señor é compañero. E ni era altivo con el señorío, ni raez en la compañía, porque dentro de sí tenía una humildad que le facía amigo de Dios, é fuera guardaba tal autoridad, que le facía estimado entre los hombres. Daba liberalmente todo lo que á él como á capitán mayor pertenescía de las presas que se tomaban, é allende de aquello, repartía de lo suyo en los tiempos necesarios. É guardando su continencia con graciosa liberalidad, las gentes de su capitanía le amaban, é temiendo de le enojar, no salían de su orden en las batallas... Los poetas decían por él que en la corte era grand Febo por su clara gobernación, é en campo Aníbal por su grand esfuerzo. Era muy celoso de las cosas que á varón pertenescía facer é reprensor de las flaquezas que veía en algunos hombres... Solía decir á los que procuraban los deleytes que mucho más deleytable debía ser el trabajo virtuoso que la vida sin virtud, quanto quier fuesse deleytable. Tenía una tal piedad, que cualquier atribulado ó perseguido que venía á él fallaba muy buena defensa é consolación en su casa, pospuesto cualquier inconveniente que por le defender se le pudiese seguir... Este claro varón, en las huestes que gobernó... con la autoridad de su persona é no con el miedo de su cuchillo, gobernó sus gentes, amado de todos, é no odioso á ninguno... Tenía gran fama é claro renombre en muchos reynos fuera de España; pero reputaba muy mucho más la estimación entre los sabios que la fama entre los muchos. É porque muchas veces vemos responder la condición de los hombres á su complexión é tener siniestras inclinaciones aquellos que no tienen buenas complexiones, podemos sin duda creer que este caballero fué en grand cargo á Dios por le aver compuesto la natura de tan igual complexión, que fué hábil para recebir todo uso de virtud, é refrenar sin grand pena cualquier tentación de pecado... Si verdad es que las virtudes dan alegría é los vicios traen tristeza, como sea verdad que este caballero lo más del tiempo estaba alegre, bien se puede judgar que mucho más fué acompañado de virtudes, que dan alegría, que señoreado de vicios, que ponen tristeza".
303. Pocas son las obrillas en prosa del Marqués. El Prohemio ó carta, que envió al Condestable de Portugal con las obras suyas, encierra su criterio estético y es como su poética. Es preceptivo é histórico, de más elevados pensamientos que el Arte de trovar, de don Enrique de Villena, que sólo se atuvo á la doctrina provenzal; pero su clasicismo erudito le hace despreciar y calificar de ínfima la poesía popular, de mediocre toda poesía en lengua vulgar y de sublime solamente la escrita en griego y latín. Muchos años habían de pasar y aun siglos hasta que cayera este ídolo y se persuadiese la gente de que los romances son tan idiomas como el latín y el griego y de que la más sustanciosa y digna de aprecio es la poesía popular, aquella "de que la gente baja é de servil condición se alegra". En prosa escribió el Prólogo y las Glosas á los Proverbios, la Carta á su hijo, cuando estudiaba en Salamanca, y la Lamentaçion fecha en Propheçia de la segunda destruycion de España, en estilo enfático. La colección de Refranes que dicen las viejas tras el fuego se le ha siempre atribuido, pero quizá sin fundamento, y á la verdad no cuadra este gusto por lo popular con las aficiones del Marqués. La prosa de Santillana, aunque no tan mala como la de Villena en sus momentos de mayor furor latinizante, se le parece no poco, á causa de la misma tendencia. Partiendo del falso principio de que el romance no era más que latín corrompido é indigno de ser escrito, tendían á allegarlo al latín en voces, construcción é hipérbaton. ¿No era mejor, según eso, no escribir más que en latín? ¡Quién nos diera un cilindro fonográfico del habla popular de entonces! Á buen seguro que era tan realista, briosa, concisa y elegante como ha sido siempre el habla de los españoles.
Los Proverbios de gloriosa dotrina e fructuosa enseñança (1437), son adagios bien rimados para la educación del príncipe don Enrique, sacados de Salomón y otros autores, que cita en el prólogo. Al itálico modo compuso 42 sonetos, que por ser el primer ensayo que se hizo en España merecen respeto y hasta admiración.
De las poesías de Santillana, las mejores son las Serranillas, que hizo por la mayor parte en sus primeros años y son cabalmente las más cercanas al arte popular. Aunque ya no tienen la naturalidad primitiva de los cantos de ledino y canciones de amigo, de la lírica galaico-portuguesa, de las que son tardío remedo, son "canciones más graciosas, como dice Puymaigre, que las de Teobaldo de Champagne y pastorales más lindas que las de Giraldo Riquier". Son idilios condensados, esbozados apenas con cuatro ligeras pinceladas y no sin una puntita de sabrosa malicia, que les da cierta tonalidad humorística, rara en aquellos tiempos. Bien que variado en cuanto cabe, el cuadrito es siempre el mismo y se ve que al lugar común del encuentro de un caballero y una pastora, que tomó el Marqués ya inventado, no tenía grande inventiva para añadir otras escenas, así como ni para detenerse en la descripción, cosas en que tanto sobresalió Teócrito, y aun en España mismo el Arcipreste de Hita, cuyos "excesos de feo realismo", en frase de M. Pelayo, son toques de pintor tan excelso y de poeta tan bravío y maravilloso, que para mí, comparadas á sus serranillas, son las del Marqués dibujos de principiante. Asunto, metro y lenguaje, tómalos éste de la tradición popular, de donde los habían tomado los poetas galaico-portugueses. De la misma fuente proceden los decires y los cantares, que de ellos se diferencian por el estribillo y el tema inicial, aunque llevan ya el sello de la cortesanía delicada que el Marqués supo comunicarles. Ya sobrecargó la dosis del elemento culto en El Sueño, El Triumphete de Amor, El Infierno de los enamorados, y así suenan algo más á hueco y cansan por lo largos. Pero donde abruma es en sus visiones y sueños, debido al uso y al abuso de la mitología, de la historia, de la alegoría dantesca y petrarquesca, envuelta en pedante retórica. La defunssion de don Enrique de Villena es una retahila de sabios y poetas, con los cuales compara á don Enrique, su grande amigo, que le dirigió Al Arte de trovar y la traducción de la Eneida y de la Divina Comedia. Sigue siendo dantesco en la Coronación de Μosen Jordi (1430), en el Planto de la Reyna doña Margarida y en la Visión de las tres virtudes Firmeza, Lealtad y Castidad. No deja de tener brío El Planto que fizo Pantasilea, tomado de la Crónica Troyana, libro muy leído por el Marqués. En la Comedieta de Ρonza (1444), que nada tiene de dramática y es un poema dialogado que lamenta la derrota de los aragoneses por la armada genovesa en 1435, hay clara influencia del Petrarca y dióle el título por el de la Divina Comedia de Dante, á causa de la profecía de la Fortuna, que al final consuela á las Reinas con el brillante porvenir de sus maridos, Alfonso V de Aragón, don Juan, rey de Navarra y el infante don Enrique, que cayeron prisioneros en aquella triste jornada, según la doctrina de que la comedia comienza por trabajos y acaba por alegrías. La erudición apesadumbra esta obra, como las más del Marqués; encierra, sin embargo, algunos trozos briosos y animados. Más dramática es la obra Bias contra Fortuna (1448), hecha para consolar á su primo el Conde de Alba cuando fué encarcelado por don Álvaro de Luna, animándole con la doctrina filosófica de los estoicos, de que el sabio dura constante en medio de los altibajos de la vida, los cuales no le quitan el sosiego de su alma ni le amenguan la verdadera libertad. Consta de 180 coplas de arte menor, armoniosas y bien cortadas. El Doctrinal de Privados (1454) es una invectiva en 53 estrofas contra don Álvaro de Luna, haciéndole confesar sus fechorías con una inquina que en ninguna otra ocasión muestra Santillana, y que no se da por vengada ni con la muerte del Condestable. Este odio sincero le sacó de sus casillas y le hizo escribir una de las mejores páginas por la fuerza y verdad, que no suelen abundar en los escritos eruditos.